sábado, 9 de diciembre de 2017

Cuando la historia se mezcla con la magia



El Cardenal Cisneros, el Licenciado Eugenio de Torralba y el Arcángel Zadquiel
Todos deseamos ser felices, pero nos limitan las emociones, los pensamientos dolorosos, el rencor y los conflictos en que nos vemos sumergidos, todo ello nos hace ver las cosas de una manera distinta creando una realidad que nos empequeñece, así lo juntamos con la idea de que queremos lo que no tenemos y lo que tenemos no sabemos valorarlo. Tal vez fuera todo ésto lo que le sucedió al Licenciado Eugenio de Torralba, más conocido como el Licenciado Torralba, el cual se vio metido en el torbellino de la nigromancia que lo llevaría a ser encarcelado y a realizar un acto de fe ante la Santa Inquisición.
Ángel del siglo XVIII
Catedral de Cuenca
©José María Rodríguez González
Fue un jueves, 10 de diciembre de 1928, cuando decretaba el Consejo Superior de la Inquisición que fuera devuelto el proceso del Licenciado, empezando a incoarse a principio de año siguiente, hecho que el próximo año hará de estos hechos 490 años.
Según sus declaraciones en el proceso, Eugenio de Torralba nació en Cuenca, hacia el año 1485 en una familia de viejos hidalgos, viajó a Italia al servicio del Obispo Volterra, quien fue elevado a Cardenal en el año de 1503. En Roma comenzó los estudios de filosofía y medicina, licenciándose por el año de 1501. Haciéndose amigo del maestre Alfonso y Pomponezzi se dedicó a la quiromancia y astrología. 
Otro de los personajes que marcarían su vida fue al conocer a un fraile dominico de nombre Pedro, clérigo nigromante, quien le dijo que tenía como criado a un ángel bueno llamado Zequiel o Zadquiel, que le revelaba toda clase de secretos, sin pacto alguno. Tanta era la amistad que se tenían que no vaciló en brindar a Torralba la amistad del mismo y el arcángel aceptó dejándose ver bajo la apariencia de un joven rubio, quien le aseguró que “sería tuyo mientras viviera”. Sentía su presencia en los días en que la luna cambiaba a cuarto creciente y menguante, sin que le indujera a error contra la religión, le acompañaba a misa y éste le reprendía si cometía algún acto “non sancto” por lo que lo tenía como un ángel protector.
Llegó Eugenio a alcanzar fama como médico por el uso de muchas plantas que le enseñaba Zadquiel, y quien de vez en cuando le regañaba por cobrar las curaciones que hacía alegando que no le costaba trabajo adquirir los conocimientos que ponía en práctica.
Otro de sus logros era el vaticinar sucesos, entre sus pronósticos fue una mala noticia que había de tener el Rey y que fue comunicada al Cardenal Cisneros y al Gran Capitán; el mismo día se supo la muerte de un hijo del duque de Alba en lucha con los moros. 
Entrevistando Cisneros a Torralba, quiso éste conocer a Zadquiel, pero el arcángel se negó, aunque no sin decirle que llegaría a ser como el rey. Cosa que sucedió en 1505, tras la muerte inesperada de Felipe el Hermoso, Cisneros presidió la Junta de Regencia, siendo nombrado Gobernador General del Reino por los miembros de la grandeza. Desde su influyente posición, determinó en 1507 el inmediato regreso de Fernando a Castilla, servicio que el monarca tuvo a bien premiarle con el capelo cardenalicio e Inquisidor General de Castilla. (1*)
Cardenal Cisneros
Otra de las predicciones que realizó fue el anuncio de que el Cardenal de Sena  tendría un final lamentable y murió ajusticiado. Predijo la guerra civil de España a la muerte del Rey y surgieron las Comunidades y por no vaticinar sólo calamidades, predijo que la emperatriz tendría un varón y nació Felipe II.
Una de sus capacidades estaba basada en los viajes rápidos y en una ocasión quiso viajar a Venecia para visitar a un amigo y Zadquiel lo trasladó y como si se detuviera el tiempo fue y vino y no lo echaron de menos en su entorno habitual, contaba que había viajado de Valladolid a Roma en una hora. En otras ocasiones su arcángel le hizo ver los sucesos del saqueo de Roma, la muerte del Condestable, la prisión del Papa y trasladarle de nuevo a Valladolid en hora y media.
Este viaje fue el causante de su prisión; denunciado por su amigo, Diego de Zúñigo que lo denunció ante el inquisidor Ruesca. Al ser notoria su fama como nigromante, entró en la prisión de Cuenca a principio de 1528, iniciándose su proceso el 10 de enero. En marzo de 1531 se celebro un auto de fe y fue excarcelado. El arrepentimiento mostrado y por el tiempo de encarcelamiento le fue perdonado la pena y continuó ejerciendo de médico del Almirante de Castilla D. Fadrique Enriquez, de quien lo era antes y quien influyó en el indulto.
Arcángel Zadkiel
Catedral de Cuenca
©José María Rodríguez González
Otro de los aspectos que aún no he tocado es el del arcángel Zadquiel y he de afirmar que en el triforio de la Catedral de Cuenca, el segundo arcángel del lado del Evangelio es Zadquiel o Zadkiel, del que hace referencia en la vida del Licenciado Torralba. Está representado con un crucifijo en las manos y sobre una figura que en su rostro muestra desesperación, agarrándose los carrillos con las manos y tirando de ellos como si quisiera arrancárselos (2*). Este arcángel se asocia con la justicia, la benevolencia, la misericordia, el perdón y las cualidades que aporta son: la liberación, el recuerdo, la transición, la magia y la alquimia.
Es sabido que Eugenio de Torralba vivió en Cuenca en el palacio romano de Gómez Carrillo, ubicado en el barrio de San Martín. 
Aventura de Clavileño
Cervantes en la segunda parte del Quijote resume dos mitologías con efecto literario como la aventura de Clavileño, haciendo mención a nuestro Licenciado Torralba: “No hagas tal –respondió don Quijote- y acuérdate del verdadero cuento del licenciado Torralba, a quien llevaron los diablos en volandas por el aire caballero en una caña, cerrados los ojos, y en doce horas llego a Roma, y se apeó en Torre de Nona, que es una calle de la ciudad, y vio todo el fracaso y asalto y muerte de Borbón, y por la mañana ya estaba de vuelta en Madrid, donde dio cuenta de todo lo que había visto; el cual asimismo dijo que cuando iba por el aire le mandó el diablo que abriese los ojos, y los abrió y se vio tan cerca, a su parecer, del cuerno de la luna, que la pudiera asir con la mano, y que no osó mirar a la tierra, por no desvanecerse” (3*).
Cuenca, 10 de diciembre de 2017
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.
FUENTES.
1* Retrato de Francisco Jiménez de Cisneros con un epítome sobre su vida incluida en el libro Retratos de españoles ilustres, publicado en el año de 1791 Imprenta Real de Madrid.
2* Arcángeles del siglo XIII. Catedral de Cuenca. José María Rodríguez González. Cuenca, 2017, pág. 35.
3*Don quijote de la Mancha. Segunda Parte, capítulo XLI, edición anotada al cuidado de Silvia Iriso y Gonzalo Pontón, presentación y prólogo de Francisco Rico, Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, Barcelona, 1988, pág. 961.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

La Inmaculada y España


8 de diciembre, festividad de la Inmaculada Concepción

El aspecto de la concepción inmaculada de María a lo largo de la historia ha existido una gran controversia. En el siglo XII la discusión fue iniciada entre los Santos Padres, San Anselmo de Canterbury y sus discípulos, como defensores de la Concepción Inmaculada, contra San Bernardo y sus seguidores cistercienses. En el siglo XIII las órdenes religiosas franciscanas y dominicos alimentaron la controversia en torno a dos grandes escuelas: La Tomista, que seguían a Santo Tomás con los Dominicos y la escotista, seguidores de Duns Escoto, quien se convertiría en el primero que realizó una defensa científica en la Sorbona de París. Posteriormente se trató en el Concilio de Basilea, en el siglo XV y en el de Trento en el siglo XVI.


En el siglo XV empiezan las lides concepcionistas y anticoncepcionistas por los más brillantes pensadores de la Universidad de Salamanca. Defienden el misterio Alfonso Villadiego de Madrigal, Juan de Segovia, Juan de Sahagún y Cisneros, principalmente; y la impugnan Juan de Torquemada y Diego de Deza.
Al iniciar el siglo XVII era tal la presión que a favor de este misterio ejercían en los monarcas  casi todas las regiones españolas que Felipe III envió a la Santa Sede para que resolviera ya definitivamente y de un modo favorable a Nuestra Señora, el anhelado misterio.

La Corona de Aragón y sus Prelados elevaron Letras postuladoras a las Cortes del Reino para que fueran remitidas a Su Santidad. Lo mismo hicieron todos los Prelados de Castilla, los Superiores de Órdenes religiosas y los claustros universitarios. No accedió, con todo, el Vicario de Cristo a la definición del dogma, en contra prohibió que desde ese momento no se controversias que fueran en contra de la Inmaculada Concepción de María.
El rey Felipe IV obtuvo de Gregorio XV, el 4 de junio de 1622, el decreto declaratorio del misterio, no del dogma; Carlos III, obtuvo de el Papa Clemente XIII que la festividad de la Purísima Concepción fuera fiesta patronal en las Españas.

El último esfuerzo se hizo en el año 1659, enviando a Roma al Ilmo. Sr. Obispo de  Plasencia, D. Luis Crespi de Borja, en representación del Rey, y al Padre Jerónimo Salcedo, portadores de cartas de todos los Prelados t Cabildos de España. Y por fin al cabo de dos años de incesantes súplicas la bula “Solicitúdo ómnium ecclesiárum”, fechada a 8 de diciembre de 1661. No se conoce ninguna otra tan satisfactoria con respecto a la Concepción  Inmaculada de María, hasta el llamado “Papa de la Inmaculada” Pío IX.
Llegó por fin el momento soñado. El 8 de diciembre de 1854, en torno al Vicario de Cristo unos 200 Prelados, de los cuales había 54 cardenales, 42 arzobispos y 98 obispos. En Basílica de San Pedro de Roma había más de 60.000 fieles venidos de todas las partes del mundo y fue ese día cuando el Papa Pío IX definió el Dogma de la Inmaculada Concepción de la Purísima Virgen María.

Y finalmente, fue la misma Virgen María quien confirmara el dogma, al aparecerse en el año de 1858 a una aldeana de los Pirineos, anunciándose con estas palabras: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Lourdes, lugar de las pariciones, es hoy  centro de fervorosas peregrinaciones y de estupendos milagros con los cuales demuestra la Virgen cuán grato el es el privilegio de su Concepción Inmaculada.
Cuenca, 8 de diciembre de 2017
José María Rodríguez González. Profesor e inveistagor histórico.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Villanueva de la Jara, el Rey Enrique III y Garci Ruiz de Alarcón. 622 años de un hecho histórico


La Jara (Villanueva de la Jara)

El 622 aniversario de la donación de Villanueva de la Jara a Garci Ruiz de Alarcón por el Rey Enrique III

Fue un 6 de diciembre de 1395, hoy hace 622 años, que el Rey Enrique III, premiaba a Garci Ruiz de Alarcón por su participación en la guerra de Portugal, en tiempo de su padre Juan I, haciendo donación de Villanueva de la Jara.

Guardo un grato recuerdo de Villanueva de la Jara, hace unos años tuve la suerte de visitarlo con unos amigos que tenían familia en el pueblo y pudimos entrar en la Colegiata entre otro lugares que fueron una delicia de ver.
Villanueva de la Jara

Hace años tuve la suerte de exponer mi obra “Manto de Luz” en el pueblo. Fue la Fundación Obra Social de la Caja CCM quien se encargó de la instalación, con la mala suerte que el día de la inauguración cayó un nevazo tremendo y me fue imposible estar presente en tal evento.

¿Cómo surgió esta población? La aldea de la Jara nace tras la reconquista de Cuenca por Alfonso VIII. En el año de 1184 se reconquista las villas de Alarcón e Iniesta. Desde Alarcón se desplazaron hacia las ricas tierras regadas por el río Valdemenbra, un grupo de habitantes que se instalaron en el lugar fundando la aldea dependiente de Alarcón y bajo la jurisdicción del Señorío de Villena y de la Corona de Castilla.

Fue un 6 de diciembre de 1395, hace 622 años, en que premiaba el Rey Enrique III a Garci Ruiz de Alarcón por la participación que había tenido en la guerra de Portugal, en tiempo de su padre Juan I, haciendo donación de Villanueva de la Jara.
Enrique III de Castilla

La contienda por cuya ayuda ganó nuestro paisano la villa de Villanueva de la Jara, fue de mucho peligro para Castilla, pues, recién terminadas las treguas acordadas por el Rey de Portugal, como consecuencia de la pérdida por los castellanos de la batalla de Aljubarrota, que afirmó la independencia de la nación vecina, el monarca lusitano, antiguo Maestre de Avis, íntimamente aliado con el Rey de Inglaterra, se decidió a favorecer las pretensiones que el duque de Lancaster tenía a la corona de Castilla, como marido de Doña Constanza, hija de Pedro I, cuyos pretendidos derechos apoyaba también Inglaterra.

Aprovechando los restos del partidismo hacia la memoria de Pedro I, que aún quedaban por Galicia, hizo algunas correrías por aquella región, el de Lancaster, mientras el de Castilla parte entraron sus enemigos en la primavera de 1387, hasta ser rechazados en Benavente, después de ocho días de sitio, por las salidas que desde la plaza hicieron los castellanos.

En la Sinopsis histórica de Ferreras se lee que vistas por el Rey de Castilla “las prevenciones que hacían los contrarios y la parte por donde querían entrar a hacerle la guerra, mandó retirar todos los víveres y que los habitantes de los lugares retirasen sus ganados y haciendas para que no tuvieran modo de subsistir sus contrarios”, en cuyo empeño continuó cortándoles los abastecimientos durante la campaña, siendo la carestía de víveres el motivo por el que, a espaldas de los portugueses se acordara un tratado secreto entre Lancaster y Juan I, del que resultó el matrimonio de una hija de aquél con el heredero de Castilla, Enrique, o en su defecto con su hermano Fernando habiéndose celebrado con el primero de los citados, lo que hizo desaparecer el problema de la cuestión dinástica al unirse las dos ramas que alegaban derecho al trono castellano.

De este tratado data el titularse los herederos de la corona Príncipes de Asturias, por haberse acordado en el mismo se diera tal dignidad a los príncipes contrayentes.

Entre las salidas que hicieron los de Benavente se distinguió la de las huestes de Garci Ruiz de Alarcón, que derrotó al ejército aliado, aunque quedando su acción sin recompensa en el reinado de Juan I; la obtuvo en el de su hijo Enrique III, que hoy hace 622 años, según unos investigadores, y el día 3 del mismo mes, según otros, le expidió un privilegio que decía: “Yo el Rey por facer bien y merced a vos Garci Ruiz de Alarcón e por la gran fazaña que facistes cebe Benavente, rindiendo en campo a Enrique inglés, con gran honra vuestra e de mis reinos, e servicios que me facedes e porque el Rey D. Juan mi señor e padre vos crió e había talante  de vos facer merced fago vos merced e gracia e dono vos todo el derecho que yo he al presente e pueda haber de aquí adelante en que quier manera de Villa nueva que está cerca del río Xucar a una legua de vuestra villa de Buenache”.

A las Relaciones Tipográficas mandadas por Felipe II, contestó Villanueva de la Jara diciendo había sido “aldea de la villa de Alarcón hasta en tanto que en tiempo de las diferencias que hubo entre la Reina Católica Dona Isabel, de gloriosa memoria, y su hermano, cual había de reinar en estos reinos de Castilla, entre los pueblos que se redujeron al patrimonio y corona real fue uno de ellos esta villa y de los primeros en el dicho fecho con la villa de Alarcón; y el marqués deuque de Escalona tuvo grandes alteraciones y guerras, donde fueron muertos muchos vecinos a fechos grandes robos de sus haciendas. La católica Reina.. en premio y merced que esta villa le fizo, por un real privilegio la fizo villa y la eximió y sacó de la jurisdicción de Alarcón”.

Cuenca, 1 de diciembre de 2016

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

jueves, 30 de noviembre de 2017

San Andrés y la Iglesia Ortodoxa

San Andrés, primer apóstol de Jesús

Hoy día 30 de noviembre celebramos la festividad de San Andrés. Siempre lo hemos reconocido a este santo por ser representado portando una cruz en forma de aspa (X), en este tipo de cruz sufrió el martirio.

¿Quién fue San Andrés? Él fue siempre un hombre en busca de la Verdad, de ahí que fuera en primer lugar discípulo de San Juan Bautista y al conocer a Jesús lo fue de él.
Era hermano de San Pedro y por medio de él se hizo discípulo de Jesús. San Andrés fue el fundador de la Iglesia de Constantinopla, la actual ciudad de Estambul en Turquía. En esta zona del mundo se profesa la religión Ortodoxa.

Cruz de San Andrés
Retablo de San Andrés
Catedral de Cuenca
La tradición cuenta que fue San Andrés quien después de Pentecostés (La venida del Espíritu Santo) fue el encargado la evangelización esta zona del mundo, siendo crucificado en Acaya, Grecia. La cruz en la que fue crucificado tenía forma de aspa, de aquí surgió el nombre de “cruz aspada” o también conocida con el nombre de “cruz de San Andrés”.

La tradición cuenta que fue San Andrés quien después de Pentecostés (La venida del Espíritu Santo) fue el encargado la evangelización de esta zona del mundo, siendo crucificado en Acaya, Grecia. La cruz en la que fue crucificado tenía forma de aspa, de aquí surgió el nombre de “cruz aspada” o también conocida con el nombre de “cruz de San Andrés”. Su martirio sucedió  en Patras en el año 70. Fue descrita en la carta de Clerus de Acaya. Según Clarus la forma de “X” de la cruz tiene la forma de una letra griega, en concreto la letra inicial con la que comienza el nombre de Cristo, llegando a la reflexión de quien se sujeta a su cruz también se sujeta a Cristo, unido con el cuerpo místico de Cristo.
Tras su martirio, una mujer samaritana enterró su cuerpo. En el año 356 sus reliquias fueron trasladadas a las ciudad de Bizancio, posteriormente se llamaría esta ciudad Constantinopla y hoy es conocida como Estambul. Luego, en 1462 sus reliquias fueron llevadas a Roma. De esta forma los dos hermanos, apósteles martirizados, Pedro y Andrés volvieron a estar juntos.



Talla de San Andrés
Catedral de Cuenca
Foto de José María Rodríguez González
Por la paradoja de la vida, en esta ciudad fue donde, en noviembre de 2015, se reunió el actual Papa Francisco, sucesor de Pedro, con Bartolomé, el actual heredero de San Andrés, Patriarca de Constantinopla y líder de la Iglesia Ortodoxa.
El Papa Francisco viene esforzándose en conseguir la unión entre los cristianos ortodoxos y católicos, en esta visita se firmó una declaración conjunta del Pontífice y el Patriarca. Cuenta la crónica que unos de los momentos más impresionantes para los dos credos fue en las vísperas de la festividad de San Andrés, cuando el Papa Francisco pidió la bendición  al Patriarca Bartolomé, llamándole hermano. Este lo bendijo y le besó la cabeza al Papa Francisco.

He dicho que las reliquias de San Andrés fueron llevadas a Roma, pero fue en junio del año 1964, por voluntad del Papa Pablo VI, cuando la cabeza del Apóstol fue entregada a la Iglesia Ortodoxa en Patras, donde es venerada en la Iglesia que lleva el nombre del Santo. Esta Iglesia de San Andrés fue edificada en el mismo lugar del martirio. En el año de 1969, el mismo Papa también entregó otra reliquia del Santo a la Catedral de Santa María de Edimburgo, donde se venera con otra donada por el arzobispo de Amalfi en el año de 1879, tras el establecimiento de la jerarquía católica en Escocia.
Retablo de San Andrés
Catedral de Cuenca
Foto de José María Rodríguez González

Cuenca tuvo y tiene una iglesia dedicada a San Andrés, está situada en la calle de Peso y fue obra del arquitecto Pedro de Alviz. El templo es de estilo herreriano al igual que su poretada de la fachada, comenzándose a construir en el siglo XVI, terminándose en el siguiente siglo. Este templo es de planta trapezoidal, con bóveda gótica. Desde hace años está cerrada al culto utilizándose para otras actividades de la ciudad.

En la Catedral  tenemos la imagen de San Andrés en la capilla del Bautismo, situada a continuación de la de los Apóstoles y formando ángulo con el brazo derecho del crucero. Anteriormente esta capilla era conocida como la de San Andrés y San Antolín. De este altar fue retirada la imagen de San Andrés en el año 1956 por estar deteriorada, sustituida por la imagen de San Ignacio. En la actualidad está de nuevo la imagen de San Andrés.

Cuenca, 30 de noviembre de 2017

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.


domingo, 26 de noviembre de 2017

“El Milagro de la Luz de Adviento”


La llegada del Sol al medallón de la Anunciación en la Catedral de Cuenca

Cuando la noche dura igual que el día, cuando el equinoccio de otoño empieza a declinar para dejar paso al solsticio de invierno es en ese tiempo, como todos los años, el Sol nos recuerda el Adviento al quedar iluminado el medallón de la rejería de la capilla de los Caballeros que representa el momento en que el arcángel Gabriel anuncia a María que será madre. Un fenómeno asombroso que la sabiduría popular ha dado en llamar desde tiempos: “El milagro de la luz de Adviento”.

Medallón de la Anunciación
Rejería de la capilla de los Caballeros
Catedral de Cuenca 


¿Qué es el Adviento?  Es el comienzo del año Litúrgico. Este año se inicia el primer domingo, día 3 de diciembre y terminará el 24 de diciembre. Son cuatro domingos anteriores a la Navidad. La palabra Adviento procede del latín “adventus”, cuyo significado es venida, llegada.

La celebración de este momento es el avivar en los creyentes la esperanza de la venida del Señor. Los cristianos consideramos este tiempo como momento de oración, reflexión y preparación, donde cabe el arrepentimiento, el perdón y la alegría de la espera del Nacimiento de Jesús.  En la Iglesia Ortodoxa, el Adviento incluye una abstinencia estricta de ciertos alimentos, que torna en un ayuno estricto, conocido como el “ayuno de la Natividad”.



 El fenómeno se da progresivamente durante esta semana, terminándo de centrarse el domingo, día 2 de diciembre sobre las 12.30h hasta las 12.45h, a lo largo de la siguiente semana se irá
La Anunciación de Fray Angélico
Museo del Prado
descentrando hasta su desaparición.

Este fenómeno trata de explicar la concepción de María haciendo imitación al cuadro de la Anunciación del pintor toscano del Renacimiento Fray Angélico, pintado en el año 1426.  El cuadro costa de una escena principal, con el tema de la Anunciación de la Virgen y a la izquierda del cuadro la expulsión de Adán y Eva del Paraíso. Para nosotros lo importante es el haz de luz que emana del ángulo superior izquierdo que traspasa ambas escenas para depositarse sobre el pecho de María.

El medallón de la reja de la Capilla de los Caballeros de la Catedral está formado por una corona compuesta por distintos tipos de hojas y frutos, como granados, moras, hojas de laurel que circunda la escena. En su interior el medallón está compuesto por la Virgen María a la derecha, sentada, sobre su regazo un libro o manuscrito y sobre ella la paloma, símbolo del Espíritu Santo. A la izquierda el arcángel Gabriel portando una filatería con la inscripción “Ave María Gracia Plena” en su mano derecha y en la mano izquierda porta una rama de nardos blancos, símbolo de la virginidad y en el medio de la escena un jarrón con azucenas, símbolo o logotipo de la Catedral de Cuenca, dejando claro quién fue el promotor de la reja.
Portada de la Capilla de los Caballeros
con el medallón de la Anunciación
iluminado

Sólo falta el haz luminoso que lo pone la segunda vidriera del Presbiterio que en estas fechas un haz de luz lo atraviesa dejando su color y su luz sobre el medallón, expresando la verdad del momento: “Como un rayo de luz atraviesa un vidrio sin mancharlo así sucedió el embarazo de María”. En el mundo físico es una metáfora corpórea de la realidad espiritual, concepción filosófica de la escolástica de Santo Tomás de Aquino que resume perfectamente cómo la iconografía cristiana tiene una carga significativa de orden superior. Es decir en la doctrina cristiana afirmamos lo religioso partiendo de un símbolo. Como decía Santo Tomás: “no es bella una cosa porque nosotros la amamos, sino que la amamos porque es bella y buena y todo lo bello y bueno es verdadero”.
Medallón iluminado por un haz de luz solar
 Capilla de los Caballeros
Catedral de Cuenca
Fotos: José María Rodríguez González

Disfrutemos durante estos días de este anuncio espectacular que nos da el arte que posee nuestra Catedral, cuando el sol brilla con todo su esplendor aportando a la escena algo natural que se funde con la creencia religiosa que se anuncia y que su autor nos ofrece para mayor gloria de Dios. Porque esta escena tan fantástica no podría haber estado mejor iluminada ya que el rayo de sol que alumbra el bello medallón, significa un rayo de esperanza para el ser humano.

Cuenca, 27 de noviembre de 2017

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

viernes, 24 de noviembre de 2017

El pan bendito

Hace mucho tiempo que no relato ninguna de las historias vividas con mis abuelos y algunos seguidores me lo recriminan. Pues he aquí una de ellas.
Se acerca la Navidad y fluyen en mi memoria recuerdos de la niñez, historias que me contaban mis abuelos maternos, ya que los abuelos paternos murieron antes de que naciera, en concreto llegue a heredar el nombre de mi abuelo paterno al nacer tres días después de su muerte, un 17 de noviembre de 1956, tres días después nacería quien les escribe.



Mis abuelos maternos se llamaban Isidoro González Cercenado, conocido por el apodo de “Sabido”, natural de Cuenca y mi abuela, Florencia Vega Gómez, natural de Chillarón.

En mi vida existe un recuerdo amable. Un recuerdo como casi todos los que conservamos de esa edad dichosa en que limpia al alma de pecado, e ignorante el corazón de egoísmos, damos los primeros pasos por la vida con ojos muy abiertos y los brazos extendidos con el ansia infantil de abarcarlo todo, desconocedores aun del derecho de la propiedad que más tarde ha de proporcionarnos tantos disgustos.
Mi recuerdo cariñoso es de una historia sobre un trocito de pan. La historia en esta ocasión es de mi abuela Florencia.
Era domingo cuando mi abuela estaba haciendo picatostes en la cocina con vistas al barrio de San Martín. Desde sus ventanales se ve parte de la subida al Parador y la explanada de la parte de atrás de las Casas Colgadas. Un grupo de muchachos jugaban con una hogaza de pan. Jugaban  pasándosela de uno a otro y una niña corría tras ella para cogerla. Eso despertó el recuerdo a mi abuela Florencia, de sus años de niña en el pueblo de Chillarón de Cuenca. Viendo la escena mi abuela le hizo expresar: ¡qué poca necesidad de pasa ahora! y a continuación comenzó a decirme: Me acuerdo de un trocito de pan que todos los domingos, nos repartía el cura de mi pueblo al salir de la misa dominical. Era pan idéntico o quizás inferior al que comemos en casa, pero, era pan bendito y además nos daba pretexto para corretear por el atrio y escuchar los cuentos maravillosos y la vida y milagros de los santos que nos narraba un ancianito que invariablemente se hallaba sentado en un poyo cercano a la iglesia, como hace tu abuelo contigo para que de mayor lo recuerdes y hagas lo mismo, porque debes de saber Josemari, que a mi edad se vive de los recuerdos y a la tuya se aprende de ellos.


Fuera lo que fuera, el caso era que toda la chiquillería del pueblo estaba impaciente por la llegada del domingo y nada más entrar en la iglesia, dirigíamos la vista hacia el sitio en que se hallaba el canastro de mimbre que más tarde había de presentar el monaguillo para que recibiese la bendición antes de llegar a nuestras manos.
Había que darse prisa para alcanzar el reparto, de lo contrario alguno podía quedarse sin él y entonces ¡que desconsuelo al saber que no nos había tocado en suerte un pedacito de aquel pan bendito y tan rico!

Aquel pan, era de verdad, pan bendito. Pan bendecido por un hombre verdaderamente cristiano, pan que no llevaba envoltorio ninguno ni consejos especiales. Aquel humilde pastor de almas, iba conduciendo su rebaño con sencillez y cordura por el camino del bien. Su vida tranquila y ejemplar, su austeridad, hacía que todo el mundo le mirase con veneración. Repartía pan de trigo y caricias a los más pequeños de su comunidad. Pan espiritual y rudos y sanos consejos a los mayores. ¿Cuántos años han pasado desde entonces? Muchos. Se ven tan lejos esa época de paz, que a veces me figuro que ha sido un sueño feliz…

Sin percatarnos, mi abuelo Sabino había estado escuchando y cortó las últimas palabras de mi abuela - ¡No  te pongas melancólica con recuerdos de tu pueblo! Josemari vámonos que falta de pan siempre ha habido y lo habrá y San Julián protegió y protege a esta comunidad con el “Pan de los pobres” como lo llamaba él.

Saliendo de su casa, nos encaminamos a la Catedral para rezar una oración por los pobres delante de la urna de los restos de San Julián. Estando sentados delante del altar del Transparente me susurró: ¡no olvides de pedir a San Julián por los pobres, porque nunca se puede descartes, que en algún momento de tu vida, estés entre esos necesitados!


Aquel día aprendí que con el pan no se juega y para colmo bajando para su casa entramos en la peluquería de Maeso, a saludarlo. Sobre la mesa camilla tenían: ajos, queso y una bota con vino. Quedamos sorprendidos porque los que estaban dentro se afanaban en cortar pequeños trozos de una hogaza que juntándolos con un pedazo de queso comían con afán; la bota iba de mano en mano. Al entrar nosotros  de inmediato se lo ofrecieron a mí abuelo y para rematar la mañana soltó mi abuelo, ¡Josemari aprende este refrán y no lo olvides jamás! “Con pan y ajo crudo se anda seguro” y  tomando un trozo de queso con un trocito de pan, de los que había partidos, remató: “bocado de pan, rajilla de queso y a la bota un beso”.

Cuenca, 24 de noviembre de 2017

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

miércoles, 22 de noviembre de 2017

La última visita guida gratuita del año en la Catedral de Cuenca. Esta vez por la vidriera abstracta


El arte abstracto hecho Luz

Visita gratuita por la vidriera abstracta de la Catedral de Cuenca
Durante la visita tendremos la suerte de observar el "Milagro de la Luz de Adviento", es decir
la iluminación, por un haz de luz que atraviesa la segunda vidriera del triforio del lado de la Epístola, llegando su luz al medallón de la Anunciación de la reja de la capilla de los Caballeros. 

El primer sábado del mes, día 2 de diciembre, a las 11 de la mañana el profesor e investigador José María Rodríguez González realizará una visita guiada por la obra de los cuatro artistas que intervinieron en la elaboración de los bocetos de las vidrieras nuevas del siglo XX: Gustavo Torner, Gerardo Rueda, Bonifacio Alonso y Henri de Chanet.
La arquitectura gótica esta especialmente armonizada con la experiencia religiosa. El arquitecto gótico, en alguna medida, intentaba representar la magnificencia de la Jerusalén Celeste  (Ap 21, 21).
La Catedral de Cuenca es una realidad que se ha consolidado a lo largo de los siglos llegando a su configuración actual como resultado de las actuaciones de los distintos momentos de su historia. 
Por todo ello la Catedral debía albergar en su seno el arte del siglo XX y para ello el Cabildo elaboró un programa de contenido religioso que fue facilitado a los cuatro artistas elegidos, que elaboraron los bocetos.
La construcción de las nuevas vidrieras fueron elaborados con el lengua artístico de nuestro tiempo apoyado en la idea universal de la Salvación del hombre, que contribuye a la definición de un nuevo espacio interior de la Catedral conquense que la define como la única que alberga en su interior todas las artes desde su construcción.
Cuenca, 22 de noviembre de 2017
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico