miércoles, 23 de julio de 2014

La Orden de Santiago y Alfonso VIII en Cuenca


Festividad de Santiago en Cuenca

El día 25 de julio se celebra la festividad de Santiago y Cuenca siempre ha tenido relación con la Orden de Santiago. En la actualidad posee un Hospital que lleva su nombre. Como investigador, me veo en la obligación de informarles sobre los antecedentes de este gran edificio. El solar fue donado por el Rey Alfonso VIII a la Orden de Santiago por su ayuda en la toma de Cuenca.
Medallón de Santiago a Caballo

Primero aclarar que la expresión ¡Santiago y cierra, España! fue utilizado por primera vez en la Batalla de las Navas de Tolosa por nuestro Rey Alfonso VIII de Castilla y que sirvió de grito de guerra a las brigadas de caballería española. Posteriormente fue utilizado en todas las ocasiones en que se enfrentaron contra los musulmanes. Con ello se invocaba al apóstol Santiago, patrón de España, para pedir su protección y la victoria contra el enemigo.

Vista panorámica del Hospital de Santiago en Cuenca
De la escritura fundacional sólo se conserva una copia hecha a finales del siglo XVI, tomada del original que existió en el bulario de la Orden y que fue otorgada por el Rey Alfonso VIII a la Orden Militar de Santiago, diez días después de la toma de la ciudad, esto es, el 1 de octubre de 1177. Dicha donación fue hecha según costa: “… a Dios y a vos Pedro Fernández, maestre de la Orden de Santiago y a todos vuestros hermanos, que al presente son y en adelante fueron…” Los siglos borraron toda huella de ésta concesión y en el siglo XVIII aparece un nuevo escrito de fundación del Hospital de Santiago, cuyo patronazgo ejerce el Consejo de las Ordenes Militares y cuyo documento estuvo en Uclés, y actualmente se conserva en el Archivo Histórico Nacional. Fue reproducido por D. Ramón Menéndez Pidal en su “Documentos lingüísticos de España”, por ser uno de los escritos más antiguos de lengua romance que se conservan, y en el que se dice: “…D. Tello Peris, D. Pedro Gutiérrez dieron a Dios et a los freires de la caualleria de Sanctiague…”.
Planos de solar que ocupa el complejo del
Hospital de Santiago en Cuenca -1632

Según costa en escritura la finca ocupa una superficie de forma irregular limitada en su contorno por la calle de Calderón de la Barca y casas laterales de las llamadas “Escalerillas de Santiago”, parte posterior de las casas del Callejón de Juan Sáiz, calle de Mateo Miguel Ayllón, carretera de Cuenca a Tragacete, Callejón de la Trinidad y Callejón de subida a Santiago, limitada por muros de contención y cerramiento en todo su perímetro. Con una extensión superficial de TRECE MIL SEISCIENTOS SETENTA Y DOS metros con DIECISEIS decímetros cuadrados (13.672,16 metros cuadrados), en cuya parte superior están enclavados las edificaciones del Hospital y anejo, Escuelas, Iglesia, Casa Curato y construcciones secundarias de poca importancia y espacios abiertos, que forman un segundo recinto interior con una superficie de CUATRO MIL NOVENTA Y SEIS metros con SETENTA Y SEIS decímetros cuadrados (4.096,76 metros cuadrados), de los que corresponden 2891.08 metros cuadrados a las edificaciones y 1.205,68 metros cuadrados a los patios, jardín y corrales.

Fachada principal del Hospital de Santiago
El primer Obispo de Cuenca, D. Juan Yáñez, concedió 40 días de indulgencias a cuantos favorecieran al Hospital y el Concejo de Cuenca y sus aldeas, en ese mismo año, se comprometieron a entregar cierta cantidad de ovejas, trigo, pieles de conejo y dinero. En 1198 el Concejo de Huete y en 1227 el Concejo de Uclés, siguieron este mismo ejemplo del Concejo de Cuenca en plan de donaciones. Así mismo el molino que está situado en la actualidad debajo del puente de San Antón, en el río Júcar, perteneciente al Obispo de Sigüenza, fue donado con la condición de que en vida se le diese quince áureos. El Papa Honorio III en el año 1220, comisionó al Deán de la Catedral de Toledo para proceder contra los que no cumpliesen las promesas y votos solemnes de mandas y legados a favor de los hospitales de Cuenca y Alarcón y en 1260 el Papa Alejandro IV expidió una bula por la cual prohibía le fueran arrebatadas, bajo ningún pretexto, las donaciones hechas por los fieles al Hospital de Santiago de Cuenca.
Escalerillas de Santiago

El edificio del hospital actual inició su edificación en 1511. El 26 de junio se adjudican las obras al maestro de cantería Juan del Castillo, las obras fueron desarrollándose a lo largo del siglo XVI y principios del XVII. El maestro de obras Francisco de Mora realizó la traza de la fachada en el año 1608 y su realización fue encargada al maestro cantero Juan Fernández de la Serna. En el año 1623, fray Alberto de la Madre de Dios diseñó las puertas y las ventanas del Hospital y las ejecutó Francisco Montalvo.

Es curioso cómo se pierden ciertas tradiciones. Contaba mi padre que en sus años jóvenes se organizaban verbenas para la festividad del Apóstol Santiago donde se realizaban concursos de mantones y balcones engalanados, los cines ese día eran gratuitos y se terminaba la fiesta con los fuegos artificiales. Tradiciones que se deberían recuperar para la grandiosidad del Santo y de esta Ciudad.



Cuenca, 25 de julio de 2014
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

lunes, 14 de julio de 2014

Frailes y marineros unidos por la devoción a la Virgen de Carmen


CARMELITAS Y MARINOS, UNIDOS BAJO UNA MISMA DEVOCIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN

Sus orígenes en Cuenca

Fue el Papa Clemente X quien concedió por bula el 2 de noviembre de 1674 la recitación del oficio divino de esta fiesta y desde entonces se viene celebrando la festividad de la Virgen del Carmen, Patrona de los marinos.
Espadín de las campanas del convento de las
Carmelitas Descalzas de San José

En Cuenca se ha tenido siempre gran devoción, tal vez por haberse establecido en la ciudad la Orden de los Carmelitas Descalzos desde el siglo XVII. En 1613, se ubicaban en la llamada isla del Júcar, en 1708 pasaron a tener la residencia en el convento próximo al santuario actual de la Virgen de las Angustias. Las Carmelitas estaban situadas en la provincia en el pueblo de Villanueva de la Jara, el llamado convento de Santa Teresa y había otro en la localidad de Huete, fundado en 1588, sus hermanas fueron trasladas al convento de Cuenca en 1603.


Escapulario
El origen del nombre “Carmen” procede de Galilea. El nombre deriva de la palabra Karmel o Al-Karem que podría traducirse como “jardín”.  Cuenta el Libro de los Reyes, que en este monte vivían numerosos anacoretas. Según la interpretación veterotestamentaria, en el año 300 a.C. azotó una gran sequía a Galilea (36 meses sin llover) subiendo el profeta Elías al monte Carmelo para implorar la lluvia, divisó una nube blanca que emergía de las aguas del mar, fue creciendo hasta convertirse en una inmensa nube que descargo abundante agua sobre las tierras sedientas. Alías comprendió que aquello simbolizaba la llegada del Salvador, que nacería de una doncella inmaculada para traer una lluvia de bendiciones. 

Con el devenir de los años se estableció en ese mismo lugar una comunidad de monjes, iniciándose el germen de la Orden del Carmelo o Carmelitas. Entre estos monjes sobresale uno, San Simón Stock. Cuenta la biografía del Santo que se le apareció la Virgen llevando en sus manos un escapulario, y le dijo: “Este debe ser un signo y privilegio para ti y para todos los Carmelitas: quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno”. Esta aparición tuvo lugar el 16 de julio de 1251, de ahí que
Convento de los Carmelita Descalzos, anteriormente de los Dominicos
se celebre todos los años el 16 de julio la festividad de la Virgen del Carmen.

Mi interés por los Carmelitas parte de la investigación que llevé a cabo en el año 1988 sobre los moradores del Desierto de San Joaquín (del Cambrón) en el término de Villalba de la Sierra, apareciendo entre los legajos en el Archivo Nacional de Madrid, la escritura del convento de San José de Cuenca de la Orden de las Carmelitas Descalzas, actual sede de la Fundación Antonio Pérez. En el año 1980 la Comunidad de las Hermanas Descalzas de San José se trasladaron a su actual ubicación, en la carretera de Nohales.
Convento de las Carmelitas Descalzas de San José

Como he dicho al principio de este artículo las Carmelitas, procedentes de Huete llegan a Cuenca el 1 de septiembre de 1603 siendo Obispo Sr. D. Andrés Pacheco. Acompañó a las Madres el Provincial de la Orden, el Padre Fray Alonso de Jesús María. Siendo la Priora, la Madre Isabel de San José. Fueron 11 las monjas trasladadas que con 2 vocaciones de Cuenca formaron la Comunidad 13 religiosas. Al no reunir las condiciones adecuadas de habitabilidad el futuro convento, fueron instaladas en una casa junto a la parroquia de San Martín, donde pasaron 5 años. El desarrollo de los trabajos de acondicionamiento del edifico del convento se desarrollaron lentamente a causa de la falta de fondos, ocupando las estancias del edificio el año 1608. Lo más costoso fue la realización de la capilla que gracias a las limosnas donadas por D. Jerónimo Aguilar que llegaron a 4.000 ducados, se puedo realizar los cimientos. Las obras cesaron por espacio de 16 años, hasta que en 1642, con la llegada del rey D. Felipe IV, por mediación del licenciado D. José González, el Rey donó la cantidad de 3.000 ducados que complementados con otras aportaciones del inquisidor, D. Fernando Heras Manrique, se pudo acabar la capilla. El día 3 de abril de 1646, día de la Pascua de Resurrección en solemne procesión, desde la parroquia de San Nicolás, fue trasladado el Santísimo Sacramento y consagrada la nueva Iglesia por el Ilustrísimo Señor D. Enrique Pimentel, obispo de Cuenca.
Imagen de la Virgen del Carmen en la
Capilla Honda de la Catedral de Cuenca

El relacionar a la Virgen del Carmen con el mar, procede del desplazamiento de los Carmelitas del Monte Carmelo a consecuencia de la invasión sarracena. Una antigua leyenda habla que antes de partir de aquel lugar se les apareció la Virgen mientras cantaban el “Salve Regina” prometiendo ser para ellos la “Estrella del Mar”. En el siglo XVII, el almirante mallorquín D. Antonio Barceló Pont de la Terra impulsó su celebración entre la marinería que él dirigía, siendo a partir de ese momento, cuando la Marina Española sustituyó el patrocinio de San Telmo, por el de la Virgen del Carmen.

Parece increíble la existencia de marineros en nuestra provincia al estar tan alejados del mar, pero sin embargo son varios los conquenses que han despuntado en las artes marinas. Así tenemos con los Reyes Católicos, un Mosén Diego de Valera, autor de un “Memorial de lo que convenía para el armada que mandaban fazer para guardar el estrecho”, en el que da cuenta de la cantidad y calidad de las naves, sus dotaciones y sueldos, bastimento y administración, en interesante documento para el estudio de la marina en su tiempo, como dice Carriazo al comentar la Crónica de los Reyes Católicos.

A su hijo Carlos de Valera le vemos en 1476 salir de Barrameda con dos galeras y cinco carabelas, para pelear con los portugueses, llevando el mando de las últimas y ganando el combate a sus contrarios y el mismo año, como Capitán de Guinea, marchando al frente de veinticinco carabelas y otras tres embarcaciones.
Virgen del Carmen

En la gesta de América tenemos a Alonso de Ojeda, el Caballero de la Virgen, explorador de Venezuela y Colombia, jefe en 1499 de cuatro naves, en 1502 de otras tantas y en 1504 de otra en que lleva como saldadas a Hernán Cortés y Pizarro.

En el mismo siglo XVI Mateo Serrano, de San Clemente, Capitán y Gobernador de Brujas, organiza muchas expediciones marítimas y fluviales, como Julián Romero, de Huélamo, héroe de San Quintín, va a Flandes con el duque de Alba, como jefe de la infantería de cincuenta y cuatro navíos y cuando se intenta levantar el sitio de Midleburgo se encarga del mando de los buques pequeños de la escuadra en la que los grandes iban bajo la dirección de Sancho Dávila. Igual que tenemos a Juan Ortiz Barriga, de Belinchón, al mando de una fragata en la conquista de Veragua y de un bergantín de la lucha con los corsarios. Todos ellos, de pobre cuna conquense, se afanaron en cosas de mar.

En el siglo XVII, Don Fernando Casado de Torres, de humilde familia del pueblo de Zafra, es ingeniero naval a los treinta y dos años, hace entre otros muchos el proyecto de navegabilidad del río Nalón, según se consta en el de Ministerio de Marina, como comandante general de Ingeniero Jefe de la Armada y colaborador de Isaac Peral.

Como trofeo marino no debemos olvidar el estandarte existente en la Capilla del Espíritu Santo de la Catedral, que las fuerzas enviadas por D. García Hurtado de Mendoza tomaron al corsario Drake frente al Callao y que, según Rizo, le había sido regalado por la Reina de Inglaterra.
Escapulario de la Virgen del Carmen

No puedo acabar este artículo sin relatar un milagro atestiguado que ocurrió en el verano de 1845 en el barco ingles llamado “Rey del Océano”. Hallándose en medio de un atroz huracán el barco y temiendo naufragar, el tripulante irlandés, John McAuliffe se quitó el escapulario que llevaba en su pecho y haciendo la señal de la cruz  lo lanzó al océano, calmándose el viento  y volviendo la calma, solamente una ola llegó a la cubierta trayendo con ella el escapulario que quedó depositado a los pies del tripulante. Testigo de hecho fue el ministro inglés Fisher que viajaba con su familia en el navío. Interrogando al tripulante sobre el escapulario, se convirtió, él y su familia al catolicismo.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

Cuenca 11 de julio de 2014


   

miércoles, 2 de julio de 2014

La Batalla de Huete. Año: 1164


Tras la huella de Alfonso VIII en el octavo centenario de su muerte.

Sancho III de Catilla
El 9 de julio hará 850 años de la Batalla de Huete entre los bandos de Los Castro y Los Lara. ¿Cómo fue esto?

Alfonso VIII nace en Soria en 1155, primer y único hijo del rey Sancho III de Castilla “el Deseado” y doña Blanca de Navarra, que falleció en el parto. En 1157 fallece su abuelo, el rey Alfonso VII dividiendo su reino entre sus hijos, Castilla para Sancho III y León para Fernando II. El 31 de agosto de 1158 fallece su padre, siendo declarado heredero al  trono. En ese momento Alfonso VIII contaba con 3 años de edad. Antes de morir Sancho III nombra como Custodio del Rey a D. Gutiérrez Fernández de Castro que había sido su ”ayo” y como Regente  a D. Manrique de Lara.

Los Lara no aceptan que la custodia de Alfonso VIII recaiga sobre Los Castro, maniobrando astutamente consiguen que  Gutiérrez Fernández de Castro les entregue al pequeño Rey, con la promesa de devolverlo en cuanto así lo requiera pero Los Lara no lo devuelven, comenzando un período de guerra civil entre ambas familias, multiplicándose los conflictos a lo largo de todo el territorio castellano.


Escudo de Armas de los Castro
Al hacerse cargo D. Manrique de Lara de la regencia, inician la persecución de los sobrinos de D. Gutiérrez, a los que quiso privar de todos los honores y de las tenencias de villas y ciudades. Como medio de defensa estas posesiones se pusieron en manos del rey de León, tío de Alfonso VIII, que también ambicionaba el trono castellano y por el que se declararon varias ciudades, entre ellas Toledo (1162).

Tanto Huete como Toledo estaba por D. Fernando Ruiz de Castro que obtiene importantes apoyos en el Arzobispado de Toledo. Los Lara juntaron tropas y se dirigieron a Huete con la intención de tomarla, a cuya defensa se dispuso Castro, encontrándose los dos ejércitos en el sitio llamado Los Burrucales entre Garcinarro y Huete, donde pelearon por ambas partes con gran tesón, fortalecidos los Lara con la presencia personal del Rey en su campamento, en el que recibió un mensaje de D. Fernando Ruiz de Castro, rogándole desistiere “de rompimiento y del derramamiento de sangre” que ya “cuando fuere mayor de edad le entregaría las ciudades que por tenencia de su padre tenía”, lo que tomado Los Lara como signo de cobardía, siendo contestado que no levantaría el campo sin prenderle o matarle, con lo que dió comienzo la batalla, durante la cual rompió Lara su lanza contra un escudero de Castro, tomándolo por éste y entonando “el victor”  por lo que hubo de descubrirse Castro y gritar “amigos, yo no soy el muerto” y arremetiendo contra D. Manrique le hirió de muerte de una lanzada. En marzo de 1166 se celebró el Sínodo de Obispos en Segovia, donde se confirmó a Alfonso VIII como futuro Rey de Castilla. Las ciudades castellanas poco a poco comienzan a reconocer a Alfonso como su Rey.