domingo, 25 de enero de 2015

Los reyes españoles que visitaron y vieron el cuerpo incorrupto de San Julián


Más paciencia que un santo

Las perturbaciones al sueño de San Julián

Faltaban unos días para la festividad de San Julián cuando por mediación de mi madre me indicó mi abuelo que subiera cuanto antes; así que esa misma tarde después de salir del Colegio Español, desde Calderón de la Barca encaminé mis pasos hacia la Plaza mayor. Preguntándole por la premura me contestó: ¡Hoy vas a poder tocar la urna de San Julián! A ella vinieron a visitar los reyes Felipe II, Felipe III, Felipe IV, Fernando VII y Alfonso XIII, cada uno en su tiempo de reinado.

Me pareció sorprendente tal privilegio y no dudé en acompañar a mi abuelo a la Catedral como tantos otros días. Al entrar se apreciaba un olor intenso a incienso, recorrimos la nave de la Epístola del templo hasta la capilla de la Virgen del Sagrario donde una urna de plata estaba dispuesta en su centro, llamando mi abuelo al sacristán “Pepito” nos abrió la puerta, pasamos y me invitaron a tocar con mi mano la “caja sagrada”. Como niño recorrí, tocando con el dedo índice, todo el lateral de la urna, como si con ello pudiera intuir su contenido. Pronto, el sacristán, nos hizo salir de la capilla y cerró con llave la puerta diciendo: “Sabino un día de estos me vas a poner en un compromiso”. 

Mi abuelo se sentó en un reclinatorio que tenía asiento, me dió el cojín indicándome que me sentara en el suelo y empecé a bombardearlo a preguntas.  Josemari, calla y escucha que todas esas preguntas te las responderé según te lo vaya contando.

Ahí dentro están los restos de San Julián, segundo Obispo de Cuenca. La devoción que despertó después de su muerte, por sus muchos milagros, hizo que fuera conocido en todo el reino de España y que el pueblo de Cuenca acudiese ante el primer sepulcro de San Julián instalado en la capilla de Santa Águeda.

La gente necesitada de consuelos para sus males o por el simple hecho de proveerse una reliquia del Santo comenzó a arrancar pequeños fragmentos del sepulcro de San Julián, tal fue el deseo de la gente de Cuenca en conseguir esas reliquias que al poco tiempo la caja del Santo quedó al descubierto con un gran agujero.

En la ciudad de Cuenca, por esos días, corrió el bulo de que los burgaleses querían a todo trance apoderarse del cuerpo de San Julián, su paisano. Esto irritó los ánimos de los conquenses que llegaron a promover un amotinamiento y armados de hoces, palos, piedras y picos se presentaron en manifestación a ver al Sr. Corregidor y al Obispo, D. Diego Ramírez de Fuenleal, solicitando decididamente ver el cuerpo de su Santo Patrono.

Ante este hecho el Cabildo nombró una comisión formada, entre otros, por los Canónigos D. Eustaquio Muñoz y el Tesorero D. Gómez Carrillo de Albornoz. En la noche del domingo, 17 de enero de 1518 procedieron a levantar la losa, separándola un palmo del sepulcro, permitiendo que todos los presentes pudieran contemplar el cuerpo del Santo Obispo perfectamente conservado y con las vestiduras intactas (hacía 311 años de su enterramiento), esa misma noche los maestros canteros Diego de Flandes y Juan Vizcaíno en unión del carpintero Alfonso de León, volvieron a colocar la lápida en el lugar que antes ocupaba.

Evidenciada la existencia del cuerpo de San Julián, el viernes, día 29 de enero de 1518 se volvió nuevamente a descubrirlo y a manifestarlo a la veneración de los fieles. El Doctor Pedrosa fue el cronista de esta manifestación quien afirmaba que parecía dormido no muerto y con las vestiduras pontificales bien conservadas; tenía a su lado la palma que le había dado la Santísima Virgen María cuando lo visitó en su agonía, conservándose tan fresca y lozana cono recién cortada de la palmera. El cuerpo quedo expuesto al público hasta el 1 de febrero que se hizo una gran procesión, saliendo de la Catedral llegó a las calles de las Tablas, Puerta del Postigo, Monjas Benitas y plazuela del Salvador, regresando a la Catedral. Terminada la procesión quedó el cuerpo, durante 60 días en un nuevo sarcófago de sabina y éste en otro de hierro con tres llaves, guardado en la Capilla Mayor, mientras se preparaba su traslado a otro sitio que ofreciera más seguridad que el altar de Santa Águeda. En el año 1518, el cuerpo se colocó en la capilla de la Reliquia.

La multitud de enfermos curados milagrosamente por la intercesión de San Julián hizo que llegaran ruegos y suplicas para que el cuerpo del Santo fuera expuesto, haciéndolo tres veces en el mes de mayo de 1518, una en junio y otra en agosto.

Al rey Felipe II le llegaron noticias de los numerosos milagros y la asombrosa incorrupción de su cuerpo, accedió a la invitación de D. Fray Bernardo de Fresneda, Obispo de Cuenca y confesor de él. El 30 de abril de 1564 llego a Cuenca, el día 1 de mayo, después de oír misa mayor, subió a la galería viendo y reverenciando el cuerpo del Santo.

El 26 de mayo de 1604 llegó a Cuenca el rey Felipe III, y sintiendo como su padre, gran devoción por San Julián, determinó visitar y admirar su cuerpo. Al efecto, al día siguiente después de la Misa Pontifical que celebró el Obispo D. Andrés Pacheco, a las nueve de la noche se manifestó el Santo Cuerpo ante el Rey, los tres Príncipes de Saboya y demás Señores que le acompañaban. En esta exhibición se notó que el cuerpo del Santo tenía hundido el ojo derecho y le faltaba algo de la ternilla de la nariz ignorándose la causa de ello.

Visto el deterioro que había experimentado el cuerpo del Santo Obispo, el Sr. Pacheco, juntamente con el Deán y el Cabildo de la Catedral promulgaron y juraron un Estatuto por el que se prohibió manifestar el Cuerpo de San Julián bajo ningún pretexto, caso, ni persona.

Abuelo ¿por ese juramento no se pudo ver más el cuerpo de San Julián? Que va, te cuento, con motivo del levantamiento de Cataluña se dirigía a Zaragoza el Rey Felipe IV pasando por Cuenca, llegando a la ciudad el 27 de mayo de 1642, alojándose en el palacio del Obispo, que era entonces D. Enrique Pimentel y encontrándose muy  a gusto en la estancia proporcionada por el Sr. Obispo, prolongó su visita treinta días. Estando en Cuenca recibió la grata noticia de la victoria alcanzada en Flandes por sus tropas sobre las francesas; todas estas noticias animaron al Monarca a solicitar con gran insistencia se le permitiera ver y reverenciar el cuerpo de San Julián a pesar del Estatuto promulgado y juramento del 11 de febrero de 1605.

Entonces ¿no pudo ver el rey el cuerpo del Santo? Pues mira Josemari, creo que tanto al Obispo como al Deán les temblaron las piernas por la insistencia del Monarca y al final accedieron a su petición. Después de desfilar en la procesión del Corpus el jueves, 19 de junio de 1642 el propio Monarca, El Obispo y el deán solicitaron la dispensa del juramento, obteniendo el beneplácito el día 20 de junio y se abrió la caja de hierro y la caja de sabina en el Altar Mayor estando presentes, el Rey, el Cardenal Spinola, el Embajador de Alemania, el Conde duque de Olivares, el Obispo de Cuenca y el de Málaga y también se le entregó al Rey una reliquia.

Abuelo, ¿la caja de hierro cuando la cambiaron? Si Josemari, mira en septiembre de 1695 se tributaron solemnes y extraordinarios cultos con motivo del traslado del cuerpo de San Julián desde la caja de sabina a la valiosa y artística caja de plata, exponiéndose a la veneración del pueblo por espacio de dos días el cuerpo de San Julián, es decir los días 2 y 3 de septiembre de 1695 y en 1760 fueron trasladados a la capilla del Trasparente donde están ahora.

Pero no fueron éstas las únicas veces en que se quebrantó el juramento de no manifestar el cuerpo de San Julián. Sin pensar y saliéndome del alma, dije: ¡Como dice la abuela, quien hace un cesto, hace cientos! Así es Josemari, quien incumple una vez no le cuesta volver a incumplir una vez y mil veces más al ver que no hay castigo.

Con motivo de la venida a la ciudad del Rey D. Fernando VII, el 30 de julio de 1816 se volvió a exponer al público el cuerpo del Santo. En esta ocasión vino con el Rey el infante de España D. Antonio de Borbón, el Duque de Alagón y D. Pedro Cevallos, Ministro de Estado y demás personas de la comitiva regia estuvieron viendo el cuerpo del Santo. En 1850 la Reina Dña. María Cristina vino a Cuenca y el día 5 de septiembre, después de la Misa Pontifical se hizo otra manifestación del Cuerpo del Santo, siendo Obispo D. Fray Fermín Sánchez Artesero.

Desde esta fecha no se registra ninguna manifestación más del Santo, hasta el 5 de mayo de 1905, que vino a esta ciudad el Rey D. Alfonso XIII, que después de su coronación proyectó la visita a todas las capitales de su reino. Componía la comitiva regia el Presidente del Consejo de Ministros, Sr. Fernández Villaverde; el Ministro de la Guerra, Vicente Martitegui; el Sr. Conde de Grave; el grande de España, Sr. Santillana; el Doctor Alabar; el Presidente del Tribunal de Cuentas, D. Mariano Catalina y los Senadores y Diputados a cortes por la provincia de Cuenca.

¿Qué es lo que hay actualmente dentro de la urna? Mira Josemari, durante la Guerra Civil, Cuenca quedó en el lado republicano y los primeros días aquí reinó el caos produciéndose los mayores destrozos y saqueos, entre ellos el de la Catedral y el Palacio Episcopal, donde se quemaron los restos de San Julián, un día de octubre de 1936. Así que dentro de la urna están los huesos que se recogieron y fueron enviados a la Escuela de Medicina Legal de la Universidad de Madrid en 1944, que fueron los encargados de analizar los huesos y certificar los que eran realmente de San Julián, huesos que están depositados en su interior. El decreto de autenticidad de los restos fue firmado el 19 de octubre de 1945.

El sol entraba por el rosetón de la fachada principal cuando abandonamos la Catedral, esa tarde comprendí que en este mundo no se respeta ni a los vivos ni a los muertos y que San Julián fue Santo en vida, y después de muerto, teniendo más paciencia que el Santo Job.

Cuenca, 25 enero de 2015

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

jueves, 22 de enero de 2015

Un dedo de San Julián en Burgos

Reliquias de San Julián


Los Papas Clemente X, por Breve (1*) de 26 de agosto de 1672 e Inocencio XII por Bula de 4 de febrero de 1696, establecieron en todas las diócesis de España y sus Reinos el Rezo propio y Misa de San Julián, que los Pontífices máximos Clemente VIII y Paulo V habían decretado solamente para la de Cuenca.

El Cabildo de la Catedral de Burgos se apresuró a ponerse en comunicación con el de Cuenca para inaugurar el culto a su ilustre e insigne compatriota San Julián. Con este motivo se intercambian cartas que han sido prácticamente desconocidas o no se les han dado el valor que tienen para el esclarecimiento de algunos hechos como el que nos ocupa.

La primera carta del Cabildo de Burgos está fechada el 18 de enero de 1599, en la que solicita al Cabildo de Cuenca, entre otras cosas: “Que V. sa nos ymbiar, relación, o un dibujo o pintura pequeña  de la forma como en esa sancta yg.a  se pincta mas propria, y comúnmente la imagen deste gloriosso sancto, porque aunque tenemos antigua, nos satisfara mas la que hubiese tenido V. sa en su yg.a.

El Cabildo de Cuenca quedó enterado de carta y el 29 de enero de 1599 y con el fin de atender las peticiones se nombra una comisión compuesta por los Canónigos: D. Pedro de Mendoza, D. Juan Zapata, D. Francisco Suárez de Cañamares y el Dr. D. Pedro González del Castillo a quien confieren amplias facultades para disponer y resolver.

Impaciente el Cabildo de Burgos por no recibir contestación a la carta anterior con la prontitud que ellos desearían, dirigen al de Cuenca otra el 22 de marzo de 1599.

Con fecha de 10 de mayo de 1599, se le contesta a lo referido anteriormente: “Enuiamos  A.V. S.a el dibuxo y pintura del glorioso San Julián como en esta santa iglesia se pinta mas propia y comúnmente la ymagen deste glorioso Santo”. Fue el Señor D. Martín de Porres natural de la ciudad de Burgos, corregidor de la ciudad de Cuenca y de Huete a quien el Cabildo entregó el despacho, la pintura y Relaciones de la Vida y Milagros de San Julián, el cual entregó en mano, al Cabildo de Burgos. La ciudad de Burgos acusó recibo del retrato, interrogatorio contestado y Vida de San Julián, que el Cabildo de la Catedral de aquella remitió a la de Cuenca.

Es necesario mentar que cuando llegó el cuadro de San Julián a Burgos en esta ciudad se padecía la peste. El día anterior  al que llegó el cuadro de San Julián habían muerto 67 personas. Salió el cuadro en procesión y ese día sólo murieron tres personas  y el segundo día ninguno y desde ese día en adelante la peste huyó, cesando y enviando San Julián la salud al pueblo de Burgos, hecho que certificó y dio fe el mismo Corregidor portador del despacho y Joannes de Licasso, notario y secretario en Burgos. Hecho que dio pie a una gran devoción en la ciudad de su nacimiento.

Reliquias de la Capilla de los Obispos 
El 4 de diciembre  de 1599, Juan del Pozo Palomino, teniente Deán de la Catedral de Cuenca escribe al Cabildo de Burgos indicando el beneplácito de Roma para que celebren la festividad de San Julián con la mayor solemnidad, por lo que el Cabildo burgalés adquiere dos esculturas que actualmente con el cuadro, se veneran en la Catedral de Burgos. Este cuadro es de gran tamaño, está situado frente a la puerta llamada de Pellegería y representa al Santo Obispo administrando la comunión a unos enfermos. Situada al margen izquierdo del río Arlanzón, hay una calle que lleva el nombre de San Julián, por existir la piadosa tradición de que en ella vivió el Santo y los vecinos de las actuales casas en los números 3, 5 y 7, reclaman con entusiasmo el privilegio de vivir sobre el solar de la casa, que según los biógrafos, edificó el glorioso burgalés para su morada.

No está claro cuando fue enviada la reliquia de San Julián a Burgos. Según el Concejo burgalés del 22 de marzo del año 1700, D. Diego de Salamanca, regidor de esa Ciudad y Caballero de Alcántara, informó a la Ciudad de cómo había tenido noticias del Sr. Obispo de Cuenca, que enviaría la reliquia del glorioso San Julián para colocarla en la Santa Iglesia de esa Ciudad por haber sido el Santo hijo y vecino de Burgos. Los señores del Concejo acordaron que D. José Fernández Zorrilla y D. Diego de Salamanca se pusieran en contacto con el Cabildo de la Catedral burgalesa para que nombrara sus comisarios y configuraran, con los de la ciudad de Burgos, los festejos para recibir las reliquias del glorioso San Julián Obispo que fue de Cuenca.

Reliquias existentes en la Capilla de los Obispos
Con relación a la reliquia, consta que en 1903 se quiso dar mayor y más espléndido culto a San Julián en Burgos, celebrándose una función religiosa a la que asistió el Excmo. Ayuntamiento en pleno, con sus maceros, estrenándose una nueva imagen del Santo, dándose a besar su reliquia traída de Cuenca previamente.

He de decir que según obra en el Archivo de la Catedral de Cuenca, resulta que en el Cabildo del 19 de junio de 1903, se leyó una comunicación del Excmo. Sr. Obispo, con la cual remitía una solicitud, firmada por el Abad y Secretario de la Congregación burgalesa de San Julián, y otra instancia que dichos señores habían dirigido a S.E.I., pidiendo en ambas súplicas una reliquia auténtica de San Julián, Obispo de Cuenca. Manifestaba al propio tiempo nuestro Excmo. Prelado, que vería con agrado se accediese a los deseos de la referida Congregación y la Corporación Capitular, juzgando muy justa la petición y queriendo complacer a su dignísimo señor Obispo, nombró a los señores D. Pedro Rodríguez López, Maestrescuela y D. Francisco González Herrero, Penitenciario, para que de acuerdo con S.E.I. enviasen la reliquia en el modo y forma que estimasen conveniente, como así se hizo, remitiendo un pedacito de hueso del dedo que se da a adorar a los fieles, con adjunto testimonio, que firmaron el Excmo. Sr. Obispo con dichos Capitulares y autorizaron con el sello del Obispado y del Cabildo.

Cuenca, 23 de enero de 2015

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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(1*) Breve Apostólico o Pontificio es un documento firmado por el Papa y refrendado por la impresión del anillo del Pescador, que generalmente tiene una extensión menor y una importancia inferior a otros documentos papales como la bula o la encíclica.

Fuente: libro de Actas Capitulares.

domingo, 18 de enero de 2015

Málaga, Sevilla y Lorca se ven aliviados de la peste por la intercesión de San Julián en el siglo XVII


San Julián auxilia a Málaga, Sevilla y Lorca en el siglo XVII

La primera población que solicitó su auxilio, como dije en el anterior artículo fue Burgos, le siguió Málaga, Sevilla y Lorca (Murcia) y ninguna de ellas quedo defraudada.

La devoción por el Santo la llevo a Málaga, nuestro paisano D. Diego Ramírez de Fuenleal, natural de Villaescusa de Haro (Cuenca) quien en el año 1500 fue nombrado obispo de Málaga y en 1518 cambió este obispado por el de Cuenca. He de decir que este obispo intentó fundar una Universidad en Cuenca pero fue convencido de no hacerlo porque según el Cardenal Cisneros bastaba con la de  Alcalá. D. Diego murió en Cuenca en 1537 y está enterrado en la Capilla Mayor de la Catedral conquense.

Peste en Cuenca. Bartolomé Matarana. siglo XVI
Como venía diciendo, hemos de saber que con D. Diego Ramírez de Fuenleal, ya siendo obispo de Cuenca, en el año 1518 se abrió por primera vez la urna de San Julián después de 311 años, encontrando su cuerpo incorrupto, hecho que se divulgó rápidamente por toda España, este hecho y unido a los innumerables milagros obrados por la intercesión del Santo hizo que D. Diego implantara la devoción de su Patrono en la Iglesia malagueña.

Dos calamidades asolaron la ciudad de Málaga en los años 1637 y 1678. En el primer año citado la ciudad sufrió una horrorosa epidemia de carbunco. Como es natural  se adoptaron cuantas disposiciones existían para atajar el terrible mal y viendo que la epidemia no decrecía acordaron implorar la gracia divina para alcanzar remedio a la espantosa mortalidad.

El Prelado D. Fray Antonio Enriquez, Obispo de Málaga solicitó del Obispo y Cabildo de Cuenca le enviasen un cuatro de San Julián, remitiéndose en el año 1637 un cuadro grande en el que se representaba al Santo Obispo recibiendo la palma de las manos de la Virgen. El 1 de febrero y el 22 de diciembre de 1638 se acusa el recibo del cuadro y el testimonio de reconocimiento y gratitud por la merced recibida por parte del Obispado malagueño.

Otra nueva intervención de San Julián en esta ciudad de Málaga fue en el año 1678. El 20 de junio se inició una terrible peste que consternó a los moradores de la población malagueña. Lo mismo que en 1637 las autoridades y el obispo de Málaga que en esos años era D. Fray Alonso de Santo Tomás, después de adoptar todas las disposiciones que ordena la ciencia para atajar el mal y visto que la epidemia no perdía intensidad acordaron suplicar la gracia divina y nuevamente se acudió a San Julián de Cuenca con fervorosas oraciones. En los días siguientes al culto extraordinario que se celebró, la enfermedad pública comenzó a remitir, declarándose voto solemne de celebrar anualmente en todo el Obispado la fiesta del 28 de enero. Así se consignó en el Acta Capitular del 6 de noviembre de 1679, hecho que fue notificado al Obispado y a la Iglesia de Cuenca.

En las Actas del Cabildo de la Catedral de Cuenca del 21 de mayo, de 19 y 27 de junio de 1649, consta que la Iglesia de Cuenca acudió en auxilio de Málaga, Sevilla y otras grandes ciudades de Andalucía que estaban invadidas de terribles pestes, celebrándose al efecto solemnes cultos a San Julián, consistentes en un novenario de misas y otro de rogativas, que respectivamente empezaron el 22 de mayo y 20 de junio de los mencionados años; durante este tiempo el cuerpo de San Julián estuvo expuesto en la Capilla Mayor y en la tarde del último día, festividad de San Pedro y San Pablo, se hizo una procesión por la Plaza Mayor.

La tercera población que solicitó el auxilio de San Julián fue la ciudad de Lorca, el motivo fue una epidemia que asoló la ciudad en el año de 1649, de igual forma actuó el Cabildo, haciendo solemnes cultos y rogativas a San Julián para implorar su beneficiosa intercesión a favor de la salud pública del pueblo lorquinés.  Informado el Cabildo de los éxitos obtenidos se acordó remitir a Lorca una reliquia y un retrato del glorioso Patrono para su veneración en esas tierras.

No he hallado referencia del envío a Lorca hasta enero de 1650, constando en las Actas que fue enviado un pedazo de túnica y el retrato de San Julián, que había pintado el afamado artista de Cuenca, Cristóbal García Salmerón, obsequios que llevaron a la ciudad de Lorca el Licenciado Francisco López Caro, capellán de la S.I. Catedral de Cuenca según consta en nota marginal del acta capitular del 11 de enero de 1648. Los obsequios fueron depositados en el convento de Ntra. Sra. de la Merced, desde donde fueron llevados en solemne procesión a la Iglesia Colegial de San Patricio donde se realizó una capilla expresa al Santo y en la que consta el siguiente cartel:

A honra y gloria de Dios en sus Santos. Afligida Lorca de una peste cruel el año 1649, imploraron sus dos Cabildos la intercesión del Sor. S.a Julián segundo Obispo de Cuenca, especialísimo Abogado contra peste, sequedad y hambre, para que alcanzase del Señor la salud de su pueblo, y la consiguió de un modo prodigioso y el que se preservase el año 1677 y 78, en cuyo reconocimiento se le dedicó esta capilla y se canta el Te-Deum el día de su festividad, en acción de gracias por tan singulares beneficios”.

 

Cuenca, enero de 2015

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

 

martes, 13 de enero de 2015

El Arca de la Limosna y las Doncellas de San Julián


El Arca de la Limosna y las Doncellas de San Julián

Acercándose la festividad de San Julián quiero traer a la memoria algunas acciones que se dieron en el pontificado de D. Juan Cabeza de Vaca que fue promovido al episcopado de Cuenca el 15 de septiembre de 1396, donde se mantuvo hasta el 14 de marzo de 1407 en que fue trasladado a Burgos (1*). Este obispo fue uno de los prelados con mayor celo pastoral y preocupación por sus deberes estrictamente episcopales de todos aquellos que ocuparon la sede conquense durante la Edad Media. Durante su pontificado se celebraron cinco sínodos en Cuenca, presididos por D. Juan, vestido de pontifical. Se celebraron en la capilla de Corpore Cristi, junto al claustro de la Catedral.



Algunos de los canónigos promovieron acciones de misericordia llevados por el entusiasmo y devoción a San Julián. Tenemos el ejemplo del Canónigo D. Martín González, que concibió el proyecto de crear una fundación, a la que llamó “El Arca de la Limosna de San Julián” a la que dotó con todos sus bienes para practicar la caridad. A esta fundación se unió el Canónigo Lorenzana que también cedió todos sus bienes y cuyo ejemplo imitaron otros Prelados.

El capital con el que se creó esta fundación fue considerable, sus rentas llegaron a ser de mil fanegas de trigo, otras tantas de cebada y más de mil ducados en metálico,  empleándose para  socorrer a los pobres otorgándoles una pequeña pensión o  repartiéndoles abundantes limosnas de pan y aceite en el sitio de la Catedral llamado vulgarmente el “Cuarterón”. También eran socorridas las monjas de los conventos pobres. El Canónigo encargado de la guarda y custodia de la renta del Arca de la Limosna se denominaba “Herrero”.

Otro de los fines del Arca de la Limosna fue el crear dotes para casar doncellas pobres o para entrar en religión, es decir, para aquellas mujeres que deseaban ingresar en un convento;  aquellas mujeres que eran designadas beneficiarias serán llamadas “Doncellas de San Julián”. A Los fondos de esta fundación contribuyeron también los Canónigos D. Nuño Álvarez, D. Antonio Barba y D. Fernando de Escobar, Arcediano de Alarcón.

Para hacer la designación de las doncellas que se habían de dotar, el Cabildo nombraba cada año un Capitular para que en unión del Peostre (2*) de la Hermandad del Santo Obispo, fundada por el Prelado D. Diego Ramírez de Fuenleal, escogiesen a las que se le había de otorgar la dote; entre las condiciones que debían reunir las doncellas para merecer la gracia, figuraban las de “ser pobres, honradas, recogidas y no moças de cántaro” (3*). Para otorgar las dotes instituidas por D. Fernando Escobar, era costumbre de poner un edicto en la puerta de la Catedral anunciando la adjudicación de aquellas para la fiesta del 5 de septiembre, conforme a las reglas establecidas por su fundador (4*).

Son muchas las obras de misericordia que se practicaron a lo largo de los años mientras existió la fundación y muchos fueron los apoyos recibidos en esos tiempos. Otra de las obras llevadas a cabo fue la fundación de un “Ropero de San Julián”, obligación santa de vestir al desnudo.

En el Cabildo celebrado el 25 de febrero de 1553, en sus Actas consta el nombramiento de dos o tres Canónigos para que fueran los encargados de pedir limosna de ropas para donarlas a los indigentes en la fiesta del 28 de enero. Creo que es interesante el acuerdo del Cabildo en que se hace el nombramiento de Canónigos Roperos de San Julián por lo que trascribo textualmente parte del Acta: “Este dicho día de los dichos señores Deán y Cabildo diputaron e nombraron para que puedan pedir limosna para vestir tantos que resultan el día de señor San Julián en cada un año para este presente año de mil y quinientos y cinquenta y tres años a los señores: D. Alonso Carrillo de Albornoz, D. Francisco de Mendoça y D. Francisco de Heredia, Canónigo de la dicha Iglesia o a los dos de ellos, lo qual passo en presencia de mi Xpoval de morillas, notario secretario – Rubricado” (5*).

Muchos son los proyectos que se han venido desarrollando a lo largo de la historia para socorrer las necesidades de la gente más necesitada y se siguen haciendo por parte de asociaciones benéficas, loables acciones que son necesarias. Mi admiración por Cáritas que ofrece una atención social vital e importante en nuestros días.

Cuenca, 4 de enero de 2015

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

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(1*) REVISTA EPCCM . núm.15.2013.págs.187-214 – Los obispos castellanos de principios del siglo XV

(2*) Hermano Mayor de la Hermandad.

(3*) Acta Capitular de  27 de enero de 1554.

(4*) Acta Capitular de 10 de julio de 1602.

(5*) Acta Capitular de 25 de febrero de 1553.

miércoles, 7 de enero de 2015

La realidad de un sueño


A mi madre, en el primer aniversario de su muerte

Sentado al calor de la estufa, un abuelo contaba a su nieto un cuento, que él aprendió hace ya muchos años en este mismo hogar de oírselo contar a otro que entonces era su abuelo. Contando los últimos minutos del año y nevando. La lumbre se iba consumiendo poco a poco igual que la noche que tenía el suelo cubierto de nieve y el cielo incansable seguía enviando su aguinaldo de copos blancos.

Esperanza Gonzalez Vega
Pasadas las fiestas navideñas el frío viento de enero se hacía notar entre las rendijas que dejaba la puerta del balcón que daba al barrio de San Martín, poniendo cerco a una casa humildemente vieja desde donde se divisaba a lo lejos, entre la blancura de la nieve, el Corazón de Jesús en lo más alto del cerro. Nada humano se apreciaba, parecía que todo se hubiera apartado del mundo, noche abandonada entre la blancura de la nieve como expiación a sus culpas y a modo de túnica nazarena, con cilio de hielo, se vistió la tierra en sus ansias de elevarse hasta Dios.
Aquella casa donde Esperanza se había criado se tornaba en la sala de urgencias del hospital. Esa noche del cinco de enero, noche de Reyes, en una cama anónima yacía la hija, convertida en madre y abuela con los años. El hijo pensaba que el fin de ella se acercaba sin que él lo pudiera evitar; con cara sonriente preguntaba a su hijo ¿vendrán los Reyes? pues ya lo creo, pero intenta dormir que los Reyes no vendrán hasta que estés dormida como me decías cuando era pequeño. Así ella se iba olvidando de su dolor al hacer efecto el medicamento. Cerré los ojos y a mi mente vino la imagen de mi abuelo, su padre, al que le preguntaba ¿Y que se sueña la noche de Reyes? Se sueña que por un camino empedrado  de estrellas, tendido sobre el cielo de azul, tres Reyes envueltos en un gran resplandor, sobre tres camellos muy blancos, avanzaban precedidos de una estrella que les guiaba hacia la ilusión creada en la mente de los niños; las nubes se apartan para dejarles pasar y sobre ellos muchísimos ángeles cantaban unas cosas tan bellas que la madre convertida en niña sin dejar de dormir sonreía.

Los Reyes andaban despacio, pero por fin los Reyes llegaron a las primeras casas de la ciudad de Cuenca, un ángel que en una mano llevaba una lista decía lo que en cada ventana había que dejar. Terminaron y ya se marchaban y la madre-niña pensaba ¿Se olvidarán de venir a mí? No, no se olvidaban que ya habían cogido el camino que conducía hasta allí. Uno de los tres Reyes hablo: “has sufrido mucho y has seguido siendo buena, tu sitio no lo tienes en la tierra ¿por qué no vienes con nosotros al cielo? los ángeles así también lo querían”. Ella se sonreía estaba contenta porque ya se veía marchar por aquel camino alumbrado por la luz del amor más Divino. Como había de marchar quiso despertar para despedirse de los suyos, pero ya era tarde, el alba venía y el tiempo apremiaba; sobre una estrella le hicieron un lecho y partió con la caravana de Dios. Al acercarse sus hijos hicieron notar que en el rosto de su madre una sonrisa tenía. (Nacio para morir el 12 de junio de 1922, murió para vivir el 6 de enero de 2014).

Cuenca, 7 de enero de 2015

José María Rodríguez González.