sábado, 28 de marzo de 2015

Muerte y poesía de la Pasión de Cristo

No me mueve, mi Dios, para quererte

La poesía es el lenguaje del alma. Hay veces que te cuesta manifestar tus sentimientos al encontrarte en un estado anímico y deplorable. Es entonces cuando tomando una hoja y un lápiz te pones a escribir, en ese momento, sin saber cómo comienzas a escribir esas palabras que tu garganta no pronuncian, convirtiéndose en poesía aunque no seas poeta, dejando que sea el alma la que hable. Hoy es uno de esos días.
En los albores de la Semana Santa ha muerto mi último tío por parte de padre. Lo que más rabia me da es haberme enterado de su fallecimiento en el mismo momento que se celebraba su funeral. Eso duele cuando he mantenido con esa persona cierta aproximación, habiendo disfrutado de sus explicaciones que han dado luz a muchas historias de mi familia que desconocidas y gracias a él he tenido conocimiento de ellas. Descanse en paz y mi más sentido pésame a mi tía, a mis primos y resobrinos. Emilio, gracias por todo lo que he aprendido de ti en estos años. Que Dios te tenga en su Seno.
Después de este inciso, necesario para mí en estos momentos, retomo el tema. La poesía es el lenguaje del alma que permite volar traspasando fronteras, en ella está la inspiración y la sabiduría, dos elementos conexos para el cuerpo y el alma que quedan fusionados en la poesía, llegando a transformar lo humano en divino, así lo entendieron los grandes poetas que hablaron de la Pasión de Cristo.
Hoy dadas las fechas en que nos encontramos toca acercarse a la literatura relacionada con la Semana Santa. Podemos empezar nuestro recorrido con el texto famoso “No me mueve, mi Dios, para quererte”, texto conocido que fue atribuido a numerosos autores como a San Juan de la Cruz y a Santa teresa, pero que hoy por hoy debemos considerarlo anónimo. El poema expresa el amor puro a Dios, al que se ofrece amarle sin pensar en el premio final del Cielo.
Me acuerdo en mis tiempos de estudiante, con los Hermanos Maristas, que en este tiempo recitábamos el poema teniendo un crucifijo delante y mirándolo decíamos el poema:

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por esa de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en esa cruz y escarnecido,
muéveme el ver tu cuerpo tan herido,
muéveme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera,
que, aunque no hubiera cielo, te yo te amaría,
y, aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Tenemos un paisano importante como es Fray Luis de León que es autor de numerosas poesías sobre el tema de reconocido prestigio, como “canción a Cristo Crucificado” en el que expresa que vuelva Cristo sus ojos para mirarle. Otro poema de él que me impresiona es “En la Ascensión” donde pone de manifiesto el desamparo que sufre el hombre al ascender Jesús a los cielos.
En la España del siglo XVII tenemos tres grandes poetas dignos de mención y que vale la pena leerlos en este tiempo de Semana Santa, tales son: Lope de Vega, Góngora y Quevedo.
Lope de Vega posee gran número de poemas sobre el tema, uno de los que más me gusta es el que comienza: “Pastor que tus silbos amorosos…” o el dedicado “A la muerte de Jesús”.
Luis de Góngora y Argote, por el año 1613 revolucionó la poesía española al circular por la Corte madrileña copias de sus poemas como las “Soledades y las Fábulas de Polifemo y Galatea”, posee poemas tan bellos como “A Cristo en la Cruz” donde relata la humillación de Cristo al encarnarse y sufrir la muerte en la Cruz por salvar a todos los hombres.
Por último Quevedo, conocido por su faceta satírica y burlesca pero que posee poemas religiosos tan emotivos como “A la muerte de Cristo, contra la dureza del corazón del hombre”.
El tema de Semana Santa  y la Pasión se prolongó en los siglos XVIII y XIX y siguió con el siglo XX hasta llegar a nuestros días.En la Pasión de Cristo se unen en estos días historia, fe, misterio y evento. Sería muy empobrecedor quedarnos en los puros hechos sin entrar en el misterio de la Redención, ser simples observadores de los desfiles procesionales sin llegar a ser actor del drama porque en Cuenca queramos o no somos intérpretes y  actores de la Pasión de Cristo.
Semana Santa de 2015
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

BIBLIOGRAFÍA:
Luca de Tena, Torcuato, La mejor poesía cristiana, Barcelona, Ediciones Martínez
Roca, 1999.
Poesía religiosa española (antología), Zaragoza, Editorial Ebro, 1969


martes, 24 de marzo de 2015

Tambores y clarines en la noche de Viernes Santo




Noche de inquietud y espera.

A la caída de la tarde del Jueves Santo, la difusa luz del sol poniente ilumina la hoz conquense, hasta convertirla poco a poco en silenciosa y oscura antesala de la muerte. Allá lejos, por lo alto del Huécar aparecen densos y majestuosos nubarrones que se van propagando por el cielo infinito. El aire, se torna fresco en la noche. Una soledad aterradora se cierne en torno mío; ni una sola alma cruzaba en aquellos instantes el puente de la agonía, sin embargo, mi corazón, en aquellos momentos violentamente agitado por una fuerza sobrenatural, no se enteraba de lo que sucedía. La cerrazón tormentosa había cubierto el claro cielo del plenilunio lunar, cuando un clarín rompe la calma, seguido de un ronco tambor que rasga, el silencio profundo de una Cuenca de pasión nazarena.

Mientras tanto caminaba guiado por los vuelos de mi enloquecida imaginación, con el pensamiento puesto en una sola idea, la de poder ver sólo su rostro divino me hizo acelerar el paso. Por fin, extenuado llegué a lo alto y allí, destrozado y falto de fuerzas quedé sumido en un sopor tal que si alguien hubiera pasado hubiera pensado que estaba muerto, más no era así, mi corazón latía y seguía abstraído en la misma idea, del mismo pensamiento y de la misma esperanza.

El toque de tambores y clarines me hizo volver en sí. Por un instante lo vi; pasó su imagen como la de un fantasma, con los brazos abiertos como un alma en pena, se alejaba hacia la multitud que enloquecida se burlaba y reía del Señor que bajo el peso del madero sufría el escarnio de un pueblo que desconocía el milagro de la Cruz, su espíritu se torno en imagen, la talla del Jesús Nazareno.

Inicia su paso lento y jovial por las empinadas calles que llevan al Gólgota conquense, le sigue San Juan y la imagen divina del hada del Amor, María, cuando los  relámpagos rasgan el firmamento e iluminan el camino, dejando un sendero de lluvia fresca.

Las primeras luces del alba rompen las tinieblas cuando veo tu efigie de bella misteriosa, queriendo acercarme, pero es vana mi locura, la muchedumbre me lo impide. Trascurre el ascenso al monte del perdón, se aleja de mi la comitiva.

Quedo atrás, esperando una respuesta al absurdo martirio que no alcanza a comprender mente humana alguna.

El día avanza en sus horas tempranas, el sol emerge por el horizonte llegando a mi ventana un rayo de luz que penetrando en la estancia roza mi mejilla como si fueran los labios de la Madre que besa a su hijo dándole los buenos días. Al despertar me pregunto ¿Es cierto o lo he soñado?    

Semana Santa de 2015

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico





 

 
 

lunes, 23 de marzo de 2015

El Jueves Santo de 1802


UN JUEVES SANTO EN LOS ALBORES DEL SIGLO XIX

Desde hace muchos años, en la puerta de la Parroquia de la Virgen de la luz, espero con impaciencia la salida de la procesión de Paz y Caridad. Los banceros hacen mil filigranas para vencer el dintel de la puerta, casi llegando a tocar al suelo para vencer las barreras arquitectónicas del templo. Es impresionante ese momento y me gusta estar allí tomando con mi cámara, cada esfuerzo de los hermanos que supone un equilibrio de fuerzas y cariño por su paso.

Jesús del Puente
Estos días, ojeando los anales de 1802 me he encontrado que los pasos que componían la procesión no salían de la ermita de San Antón, sino de la de San Roque, situada en extramuros de la ciudad, donde tenían su sede los pasos de Jesús Nazareno con la Cruz al hombro y el Paso de Jesús con la Caña. Salían de la ermita y pasando la muralla por la Puerta de Valencia, se incorporaban a los que ya esperaban , procedentes de las iglesias de Santo Domingo y San Andrés, desfilando todos por las estrechas y empinadas calles, entonando el impresionante Miserere en un ambiente emocional, el cortejo se encaminaba lentamente hacia la Catedral.

Entre los documentos encontrados del año 1802, aparece la tramitación de la reforma de las antiguas Constituciones del Paso de la Caña. En Junta general celebrada en 19 de abril en la casa-morada de Don Nicolás Jiménez, presbítero, se nombraron comisarios para esta reforma a los hermanos siguientes: Salvador Valiente, Joseph Castelblanque  y Cabrejas; Claudio Lucas, Mathias Benito Gómez y Lorenzo Ramón Valiente. Estas diligencias del 26 de junio, 4 de noviembre y 9 de noviembre, fueron ejecutadas por el Provisor y Vicario General de la Diócesis D. Juan Antonio de Monasterio y Salazar, ocupando la silla episcopal el Ilmo. Sr. Antonio de Palafox.

En este año de 1802, el 9 de diciembre a las dos de la tarde falleció el Ilmo. Sr. Obispo Antonio de Palafox y Croy. Fue propuesto para la silla episcopal  de Cuenca el 6 de julio de 1800.

La ermita de San Roque fue destruida pocos años después. En ella se hicieron enterramientos ocupando un gran sector de sus alrededores. Después de la invasión francesa los pasos de esta ermita fueron recogidos por la parroquia de San Esteban, hasta el 31 de enero del año de 1813, el Provisor y Vicario General de la Diócesis, ofició a las hermandades para que fueran trasladados a la ermita de San Antón, por tener que colocar a Nuestra Señora del Puente, después de las obras realizadas por mediación del Ayuntamiento y de acuerdo con su disposición.



Un siglo después, la procesión de Paz y Caridad, concretamente del año 1932, salía de San Antón, a las cuatro y media de la tarde. Desfilando los siguientes pasos: “La Santa Cena”, “La Oración del Huerto”, “Jesús de la Caña”, “Jesús de la Columna”, “Ecce Homo”, “Jesús Nazareno”, “Cristo de las Misericordia” y “La Soledad”.

Cuenca, Semana Santa de 2015
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico








  

viernes, 20 de marzo de 2015

Nuevo Cronista Oficial de la Ciudad de Cuenca


Miguel Romero, Cronista Oficial de la Ciudad de Cuenca

No puedo dejar pasar el felicitar a Miguel Romero por su merecido nombramiento de Cronista Oficial de Cuenca.
Miguel, como en su tiempo Federico Muelas, es en la actualidad, el alma de esta ciudad. Romero es una persona de frescura intelectual e inspiración directa y he de reconocer que Cuenca ha hecho Cronista al mejor. Si Federico Muelas era excelente poeta, Miguel es un excelente hombre de cultura, con una simpatía humana y generosa que lo hace merecedor de tal nombramiento.

Mi más enhorabuena por este merecido nombramiento.

Cuenca, 20 de marzo de 2013

José María Rodríguez González. Profesor e Investigador histórico

martes, 17 de marzo de 2015

El Cristo de la Agonía en el tercer centenario de la fundación de su Hermandad


CUENCA, EL GÓLGOTA DE LA PASIÓN EN LA NOCHE NAZARENA

Guardo gratos recuerdos de la niñez cuando subía animosamente las cuestas, como si fueran llanuras, por el sólo hecho de ver los desfiles procesionales desde el balcón de la casa de mis abuelos en la calle Alfonso VIII. Todo se trasformaba y la vida cobraba aires de piedad y recogimiento, con el rezo del Santo Rosario por las tardes, contemplando desde las ventanas que daban al barrio de San Martín, el morir del día y el emerger de la grandiosa Luna llena de primavera que se elevaba airosa por el Cerro del Socorro, como faro anunciador de la Semana Grande de Cuenca.


Se oyen los tambores, las puertas del balcón engalanado se abren, mientras esperamos a divisar la cabecera de la procesión los minutos se hacen horas. Mi abuelo, como buen conocedor de las costumbres conquenses, aprovecha para decirme que en la época de los gremios cada oficio tenía su paso y que en la actualidad aún queda ese rescoldo de aquel tiempo pasado; pues el señor Ambrosio, como buen hortelano su hermandad es la Oración del Huerto; Abilio  que era albañil, seguía y cuidaba de  Jesús Amarrado a la Columna; el sastre, que vivía dos puertas más abajo, el Cristo de los Espejos; los señores letrados sacaban a Jesús Yacente en el Santo Sepulcro y él como carpintero, se enorgullecía de su más amado paso, San Juan Evangelista.
Cristo de marfil

Este año celebramos el tercer centenario de la fundación de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía, que fue fundada el 12 de mayo de 1715, por lo que el próximo mes de mayo hará 300 años de su fundación.

¿Se tiene constancia de como se realizó su constitución? Intentaré relatar lo que dicen los anales de la época: en la desaparecida iglesia de Santo Domingo de Silos, el 17 de julio del citado año quedaron presentadas las constituciones de esta hermandad para su aprobación ante el Licenciado Don Francisco de Añoa y Busto, dignidad y Canónigo de la Santa Iglesia Catedral, Provisor de la Ciudad y Obispado que gobernaba el Ilmo. Sr. Don Miguel del Olmo. Informadas las constituciones por el Fiscal General, Don Juan Francisco Calvo, el 24 de julio de 1715, se dictaba auto de aprobación de las mismas por el Provisor Señor Añoa y Busto.

San Juan Evangelista

Hemos de saber que la Venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía tiene concedida perpetuamente a cada uno de sus cofrades indulgencia plenaria, bajo ciertas condiciones, por bula expedida en Roma por el Papa Clemente II, fechado el 5 de enero de 1717. Pero no sólo ésta, el Papa Pío VI, otorgó otra bula el 23 de noviembre de 1784, dando el título de Altar Privilegiado el del Santísimo Cristo de la agonía, en su Capilla de la Iglesia donde se recoja en la Ciudad de Cuenca, igualmente sostenía el privilegio de poder usar ornamentos encarnados en su función religiosa anual, que tradicionalmente se venía celebrando el Santísimo Cristo de la Agonía. Este privilegio fue ratificado el 9 de mayo de 1877 por el Ilustre Gobernador Eclesiástico Don Diego Izquierdo. La Hermandad poseía un precioso crucifico de marfil, donado por Don Juan Cerdán de Landa y en recuerdo de esta donación la Hermandad tomó un acuerdo, el día 16 de mayo de 1713, de sufragar una misa anual en el altar del Santísimo Cristo de la Agonía por el descanso eterno de tan piadoso donante. 

Hay datos curiosos que han llegado a mí poder. Una de las Hermandades Religiosas que tuvo mayor arraigo en nuestra ciudad ha sido siempre la titulada al Apóstol y Evangelista San Juan. Su fundación data del año 1702, como lo atestigua el acta primera de su Cofradía que dice textualmente: “Cofradía de San Juan Evangelista, sita en la Iglesia del Convento de San Agustín de esta Ciudad, que se fundó el año 1702”. Como curiosidad digna de recuerdo debemos consignar que el día de San  Bartolomé (24 de agosto de 1816) hubo una solemne procesión organizada por esta Hermandad que trascurrió desde la parroquia de El Salvador, calle de El Peso y Bajada por la Trinidad, hasta el convento de San Agustín, con asistencia del Cabildo de Curas y Beneficiados, Comunidades Religiosas y Autoridades y Cofrades. En esta procesión figuraban las Sagradas Imágenes de Jesús Nazareno, Cristo Crucificado, con el título de “La Luz”, María Santísima de la Soledad y el glorioso Evangelista San Juan. Los pasos fueron llevados por hermanos vestidos de nazarenos como si hubiera sido un Viernes Santo.

Volvamos a la visión desde el balcón. Suenan los agudos clarines y los redobles de tambores nos hacen sentir la majestuosidad del desfile de los nazarenos. Los pasos se mecen en el vaivén de los bancaros mientras en el aire flotan los compases de marchas fúnebres que lloran notas de dolor. Las túnicas se arrastran por los adoquines con sus largas colas buscando el perdón. Sobre las sombras de la noche rompen las luces de los cirios en las tulipas… ¡Ya se aleja la procesión! ascendiendo por la cuesta  que lleva al Gólgota conquense, perdiéndose por los arcos de la Plaza, por fin se pierde por completo entre un temblor de luces oscilantes y las graves notas de un miserere, nuestros ojos aún permanecen abiertos largo rato buscando la silueta del Salvador de la Cruz y el rostro transido de la Madre Dolorosa que cierra el desfile en la noche de la Semana Grande de Cuenca.

Semana Santa de 2015

José María rodríguez González. Profesor e investigador histórico

lunes, 16 de marzo de 2015

Las vidrieras de la Catedral de Cuenca 2º Parte


LAS VIDRIERAS DE LA CATEDRAL DE CUENCA EN SU 20 ANIVERSARIO
El lenguaje artístico de la vidriera abstracta
 
Los artistas elegidos para tal importante empresa, realizadores de los bocetos de las vidrieras, según la iconografía trazada por el Cabildo de la Catedral, fueron: Gustavo Torner, Gerardo Rueda, Bonifacio Alonso Gómez y Henri Dechanet. Ellos emplearon el lenguaje artístico de esa Cuenca Abstracta que tan común les resultaba. Cofundadores del Museo Abstracto de Cuenca eran Gustavo Torner y Gerardo Rueda que junto a Fernando Zóbel el 1 de julio de 1966 inauguraban el Museo Abstracto en Cuenca.

Vidriera de Gustavo Torner.
Nave del Alba Catedral de Cuenca
Gustavo Torner, dentro de los cánones trazados por el Cabildo, expresó su sentir con una conversión de la luz que atravesaría sus vítreos con esa luz dorada que desprendían los ornamentos sagrados en las celebraciones que asistía de pequeño junto a su familia, escogiendo la Creación como punto de partida para la iconografía de sus vidrieras como expliqué en el anterior artículo.

Vidriera de Gerardo Rueda.
Triforio de la Catedral de Cuenca
Para comprender la obra vitral de Gerardo Rueda hemos de conocer su trayectoria artística, que va desde el cubismo hasta el constructivismo. En su obra hace una reflexión del proceso que va desde la materia tangible, a la trasformación en espíritu. Emplea el mundo de la Divina Comedia de Dante donde se habla del infierno, purgatorio y paraíso. El diseño de sus vítreos se distribuye en doce vidrieras en el triforio, con colores vivos como el amarillo y  el naranja, combinando los verdes y azules, colores tan dispares como el mismo contenido teológico, infierno y cielo. Todo este mundo de coloración, que desde el triforio, hace vivir un espectáculo de color en la nave central cuando sus luces coloreadas son proyectadas sobre el muro del lado del evangelio.

Bonifacio Alonso.
Nave Norte. Catedral de Cuenca
Bonifacio Alonso, donostiarra de nacimiento, practicó un estilo informalista, entre el surrealismo y el expresionismo abstracto. El programa iconográfico que trasmite a sus vitrales está basado en el Génesis. Su obra está emplazada en el rosetón de la fachada principal y en las capillas laterales. Las obras se encuentras distribuidas, cuatro en la capilla del Pilar, dos en la capilla de San Antolín, cinco en la fachada de poniente, siete en la nave Norte, dos en la Capilla de los Muñoz, tres en la Capilla de los Apóstoles. La plasmación del Génesis en sus obras hace que sus trabajos sean de gran fuerza y variación para representar el principio de la Creación, organizando un cierto laberinto en la búsqueda del orden y la estabilidad del cosmos.


Henri Dechanet
Catedral de Cuenca

Henri Dechanet
Capilla de la Virgen del Sagrario
 
Henri Dechanet, fue el creador de la cooperativa vidriera “Vitrea” y el responsable de la Escuela Taller vidriera de Cuenca. A él se le debe los vítreos de la Girola, de las Capillas de los Caballeros, la de Santiago, la de La Virgen del Socorro, la de la Capilla Honda y las de la Capilla de la Virgen del Sagrario. Para ello emplea colores claros. Las vidrieras de la Capilla de los Caballeros hacen alusión a los astros como el Sol y la Luna y a la muerte al dejarse ver entre sus vidrios una calavera. En la Capilla de la Virgen del Socorro, las tonalidades amarillas, rojas y azules, dan una tendencia al auxilio que busca el cristiano ante la Madre. En la capilla de Santiago los tonos rojos buscas la iconografía del martirio. En la Sacristía se aprecia de forma esquemática la representación de Maria con el Niño y en las vidrieras de la Capilla de la Virgen del Sagrario los colores azulados de tonos claros, buscan la fusión con el misterio de la concepción de María y el proceso mariano cristiano con que está impregnado su interior.  

Ante todo lo expuesto quiero dejar constancia que esta obra ha resultado distinta a cuantas contiene el Templo, las vidrieras han transformado la luz, creando una atmósfera que ha cambiado el espacio y el ánimo de quien lo visita. El color y la luz producen unas sensaciones cromáticas emocionantes que ninguna otra obra artística puede ofrecer. Valga mi admiración por los maestros que han vuelto a dar a nuestra Catedral en ambiente espiritual que se vivía en los primeros años de su creación.

Cuenca, 3 marzo de 2015

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

 Fuentes documentales:

Histocuenca II “La Catedral de Cuenca”. Obra Social de Castilla La-Mancha. 2006. Luz de cristal. Lara y Laura Martínez.

 “Palabras de cristal: las vidrieras contemporáneas de la Catedral de Cuenca”. Comunicación y Hombre.  Laura y Lara Martínez, María.  2014, nº10, pp. 121-130.

 Historia visual del Arte. Claude Frontisi (Edit.Larousse)

La historia del Arte. E.H.Gombrich. (Edit.Debate).

La vidriera española. (Edit.Nerea)

FOTOGRAFÍA: © José María Rodríguez González

 

 

domingo, 1 de marzo de 2015

Las vidrieras de la Catedral de Cuenca 1º Parte



LAS VIDRIERAS DE LA CATEDRAL DE CUENCA EN SU 20 ANIVERSARIO
El mensaje de los vitrales
Serena mañana llena de luz, pasan las horas en el interior catedralicio contemplando el avance de los colores proyectados sobre sus muros de piedra, polémica social en un principio, que dió paso al alegre cantar de los matices cálidos al disfrutar del espectáculo colorido que se experimenta a través del discurrir de las estaciones como lo expresé en la obra “Manto de Luz”. Hoy quiero traer claridad a los hechos, en el veinte aniversario de esa mañana de 1990, del episcopado de nuestro Obispo Monseñor Guerra Campos (1973-1996) donde se plasmaron los acuerdos entre la Consejería de Educación y Cultura de Castilla-La Mancha y el Cabildo para devolver el esplendor lumínico al interior de la Catedral.El 24 de abril de 1995 se inauguraba las nuevas vidrieras de la Catedral conquense.
Gustavo Torner. Vídriera de la Nave Real
No se obró sin sentido para confeccionar tal magna obra. El Cabildo elaboró un programa de contenido que fue facilitado a los artistas seleccionados, ofreciéndoles una orientación iconográfica sobre el mensaje que debía transmitir las vidrieras. No podría ser otro que la Historia de la Salvación: Creación, Redención y Glorificación.
Se encargó la obra al arquitecto D. Magín Ruiz de Albornoz y al maestro vidriero Henri Dechanet. Los artistas que intervinieron en la realización de los bocetos  empleando el lenguaje artístico de la Cuenca abstracta, fueron: Gustavo Torner (20), Gerardo Rueda (12), Bonifacio Alonso (24)y Henri Dechanet (30).
Terminados los bocetos por los artistas,  fueron sometidos al beneplácito del Obispado y del Cabildo, elaborando un informe sobre la obra la Comisión de Patrimonio Histórico de Cuenca. Aprobados los trabajos, fue la Cooperativa de vidrieros “VITREA” los encargados de hacerla realidad bajo la dirección del maestro vidriero Henri Dechanet. Se encargaron los vidrios, con la gama cromática elegida, a la fábrica francesa de Saint Just.
Creación

El programa iconográfico que desarrolla Gustavo Tornes fue la Creación, aludiendo al Big Bang, a la creación del mundo, a la cadena ADN y las lenguas de fuego de Pentecostés. En las ventanas de la bóveda, con círculos amarillos, representa a la gran explosión cósmica del Big Bang. En el lado de la epístola de la Capilla Mayor, se representa el ADN, simbolizando el árbol de la vida, plasmando con bolas de diferente tamaño y distinto color los diferentes átomos, disminuyendo de tamaño a medida que va evolucionando la materia y se hace más compleja.
ADN
En otra vidriera se representa la creación del hombre. Entre las líneas cromáticas y las burbujas de color amarillo aparece un ángulo casi recto determinando la creación del hombre como único ser racional, tomando una tonalidad más oscura que el resto del vitral, representando el pecado del hombre frente a la pureza de la Creación.
En otra de las vidrieras con tonalidades azules y fragmentadas con una recta que separa ambas tonalidades, de nuevo vuelve a representar al hombre, su conciencia e inteligencia. En la parte baja tres semicírculos a distintas alturas simbolizan la redención del hombre y el encuentro de nuevo con su creador, alcanzando la Gloria Eterna. En la parte Norte de la nave central, llamado del Evangelio, las tonalidades son algo más claras que las del Sur, en ellas se reproducen los colores cromáticos de los atardeceres de Cuenca en las distintas estaciones del año.

Retorno del alma al Cielo. Perfección de Dios
En la nave del Alba,Gustavo Torner dispuso de cinco vitrales, dos de ellos están colocados sobre las lápidas de piedra de  los obispos que ocuparon las primeras sillas episcopales de la diócesis de Cuenca. En ellos con las franjas horizontales que componen el vitral, con una diferencia cromática considerable, quiso simbolizar la subida de las almas al cielo.Los otros tres vitrales, junto con el rosetón, con nerviación ondulada vertical, incorporando burbujas circulares amarillas, con una mayor concentración según seelevan, simbolizan como la creación torna a su Creador. representado por el rosetón con formaciones de ocho espacios, con ocho cruces suspendidas en ocho brazos y en el centro el círculo, símbolo de lo eterno, de lo absoluto de la perfección de Dios.
Valga con ello mi homenaje al artista conquense, Gustavo Torner, en su noventa cumpleaños.
Cuenca, 1 marzo de 2015
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico



Fuentes documentales:
Histocuenca II “La Catedral de Cuenca”. Obra Social de Castilla La-Mancha. 2006. Luz de cristal. Lara y Laura Martínez.

 “Palabras de cristal: las vidrieras contemporáneas de la Catedral de Cuenca”. Comunicación y Hombre. Laura y Lara Martínez, María.  2014, nº10, pp. 121-130.

 Historia visual del Arte. Claude Frontisi (Edit.Larousse)

La historia del Arte. E.H.Gombrich. (Edit.Debate).

La vidriera española. (Edit.Nerea)
Fotografía: © José María Rodríguez González