miércoles, 27 de enero de 2016

El Giraldo, San Julián y el Rey Alfonso XIII

El Rey Alfonso XIII visitó en 1905 la ciudad de Cuenca

El día estaba claro aún siendo invierno y el sol calentaba agradablemente cuando nos sentamos en el bordillo de la barandilla que da a la calle Solera de la Plaza Mayor. Como día festivo que era en la ciudad, por la celebración del Patrón, había mucho movimiento de personalidades que se disponían a entrar en la Catedral para la celebración de la Santa Misa. Eso dio pie a mi abuelo para contarme lo sucedido en la visita que realizó el rey Alfonso XIII a nuestra ciudad.

Corría el año de 1905, a tres años vista de la caída de la torre del Giraldo, cuando la prensa del momento informaba de la visita del Monarca a nuestra ciudad. El 27 de abril, después de las Horas Canónigas Vespertinas, el Sr. Obispo, previo recado de atención, reunió a todos los señores Capitulares en la sala de sesiones para informarles que el miércoles de la semana siguiente visitaría la población S.M. el Rey Don Alfonso XIII y habría que enseñarle el cuerpo de nuestro glorioso Patrono. Ante los hechos lo más conveniente, pensó el Cabildo y su secretario sería, abrir la urna del Santo con antelación y examinar el estado en que se encontraba el cuerpo, no sea que al venir el Rey hubiera alguna dificultad en ello.

Aceptada unánimemente la idea, se procedió, trayendo las tres llaves de la urna que estaban en poder, una de Su Ilustrísima, otra la poseía el Sr. Deán y otra el Obrero. Abierta sin dificultad la caja se observó el perfecto estado del Cuerpo del Santo, por lo que se podría exponer a su veneración, regresando a la sala Capitular se tomo nota de cómo proceder en el día de la visita.

El Cabildo se reunió el día 1 de mayo de 1905 con objeto de comunicar que según el telegrama del señor Gobernador de la provincia había recibido del Ministro de la Gobernación que llegaría a esta capital el miércoles próximo a la una de la tarde. Visto el comunicado el cabildo acordó que se recibiera a S.M. el Rey en la forma que se había hecho en otras visitas regias y se procediera según dispone el Pontifical Romano para tales casos.

A la una y media, del día tres de mayo de 1905 llegó S.M. a las escaleras de esta Catedral en cuya parte baja le esperaban el Ilmo. Sr. Obispo de la Diócesis, vestido de Pontifical, acompañado de dos diáconos de honor, vestidos de capa pluvial y de todo el Cabildo y el cuerpo de Beneficiados, vestidos de traje coral; a continuación estaba el clero de la Ciudad revestido de sobrepelliz (1*) y los Colegiales del Seminario y San Pablo. En medio de las dos filas y a la puerta de la Iglesia, esperaba el palio cuyas varas eran llevadas por cuatro Capitulares de la iglesia y cuatro concejales del Ayuntamiento. La subida de las gradas estaba hermosamente adornada con vistosos arcos cubiertos de ramaje con cintas y banderolas, y a los lados y a la entrada de la Iglesia, a pesar del estorbo o embarazo de los andamios que se estaban haciendo para la obra de la torre, se habían colocado algunos de los valiosos tapices que tenía el Cabildo, resultando de efecto sorprendente la entrada de la Catedral.

Llegado Su Majestad a las gradas, el Ilmo. Sr. Obispo le dio a besar el Lignum crucis, poniéndose a la derecha; al entrar en la Iglesia le aspergeó con el hisopo de agua bendita y se colocó debajo del palio, marchando por la nave primera a los acordes de la marca real tocada en el órgano grande. Subieron todos por entre la valla hasta la Capilla Mayor en el Presbiterio, en donde se arrodilló S.M. en el reclinatorio al efecto preparado. El Ilmo. Sr. Obispo entonó el Te Deum, que continuó cantando la Capilla de música en el coro con toda solemnidad; terminado el Te Deum y dichas las preces del Pontificado, se cambiaron de ropa los oficiantes y marcharon con S.M. hacia la Sala Capitular donde estaba colocada la urna que contenía el cuerpo del Santo Patrón, abierta y en disposición de ser visto el cuerpo del Santo por S.M. La Sala Capitular producía un efecto grandioso; las paredes estaban cubiertas con los preciosos tapices de la Iglesia; en la parte superior se había levantado un hermoso trono, ocupando el centro la imagen de Ntra. Sra. Del Sagrario, a sus pies la rica urna del Santo y a los lados multitud de cirios que daban a la Sala un aspecto fantástico. Una vez que S.M. adoró el cuerpo de San Julián, el Sr. Obispo dió las gracias a S.M. por la honra que dispensaba a esta Iglesia con su visita, en nombre de su Cabildo que tan gustoso se había prestado para obsequiarle, del Clero y de los fieles de la Diócesis y al verse al lado de los venerandos restos de Ntro. Patrono San Julián, recordó tan profundamente emocionado que apenas podía hablar, la última vez que hubo que sacar esos preciosos restos de su lugar, de su casa propia, para trasladarlos a otra Iglesia que ofreciese seguridad, con motivo del triste acontecimiento del hundimiento de la torre, concibiendo entonces la esperanza de que si un Alfonso había puesto la primera piedra de esta catedral, otro Alfonso había de ser el que reconstruyera la torre, y eso había de hacerlo Su Majestad.

Después le hizo ver que la urna del Santo solo se abría cuando Sus Majestades visitaban esta Ciudad, concediéndoles este especialísimo honor y terminó recomendando a S. M. siguiera las doctrinas de nuestra sacrosanta religión, cuyas enseñanzas había recibido de Su Augusta Madre. S. M. el Rey se dignó contestar personalmente, agradeciendo al Ilmo., Sr. Obispo las manifestaciones que le había hecho, saludando en su nombre a todo el pueblo de Cuenca, ciudad que pensaba haber visitado hacía ya tiempo y que si no lo había hecho antes, era por esperar a que estuviesen presupuestados los gastos de la torre, lo cual entendía estaba ya hecho, pero que de todos modos él empeñaba su palabra de Rey de que la torre se construiría”.

El Ilmo. Sr. Obispo entregó a Su Majestad dos medallas de oro tocadas al cuerpo de San Julián, una para él y otra para su Augusta Madre. Desde allí pasó a ver las reliquias y alhajas de la Catedral, que estaban expuestas en la sacristía, desde donde marchó a visitar el artesonado de la capilla del Sagrario Corazón de Jesús (capilla Honda) y después fue a ver el arco de Jamete destruido, saliendo de la Catedral a los acordes de la marcha real, en la forma que había entrado.

Los dos días siguientes, es decir el jueves y el viernes, estuvo el cuerpo del San Julián expuesto en la Capilla del Sagrario, según estaba acordado, siendo visitado y venerado por todos los fieles de la Ciudad. Al visitarlo se permitió pasar rosarios, medallas y objetos piadosos por el cuerpo del Santo, tocando los objetos sus vestimenta.

El viernes por la noche se trasladó el cuerpo del Santo  desde la capilla del Sagrario a su propia Capilla, cerrando la verja y quedando todo en la forma ordinaria, de todo lo cual dió fe el Secretario, Dr. Timoteo Hernández Mulas, levantando certificado de todo lo acontecido.

Así fue como sucedió y así lo cuento. ¿Cómo es que la torre del Giraldo no se construyó  si el Rey afirmó que estaba presupuestado el coste de su reconstrucción? Eso Josemarí es harina de otro costal.
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(1*) Sobrepelliz, hábito coral y para administrar los Sacramentos, semejante al roquete que es la vestidura de dignidad, propia de Obispos y Canónigos, como una especie del alba corta con mangas estrechas y largas y el sobrepelliz lleva las mangas anchas y cortas.

Cuenca, 27 de enero de 2015
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico


lunes, 18 de enero de 2016

El amigo de San Julián

San Lesmes,  el criado y limosnero de San Julián

La vida en mejor siempre con compañía”, esa frase la solía repetir con frecuencia mi abuelo Sabino.  El domingo, 21 de enero de 1962, al salir de misa de la capilla Honda nos sentamos frente al Transparente, señalando con la garrota el  altorrelieve de la izquierda donde está el Santo con la tradicional cesta y a su lado su compañero San Lesmes. ¿Sabés quien es el acompañante de San Julián? No abuelo contesté, es San Lesmes, contesto mi abuelo. Era la primera vez que oía tal nombre y repliqué, ¡San Lesmes, es raro hasta el nombre!
San Julián y San Lesmes.
Capilla del Transparente de la Catedral de Cuenca

Te contaré su historia y promete que nunca la olvidarás, ¡lo prometo, pero eso no quita que el nombre sea muy raro! Prosiguió, el nombre nos parece raro porque es de procedencia francesa, su verdadero nombre era Alleame, que castellanizado se quedó en  Adelelmo y tras los años degeneró en Lesmes.

El portador del nombre a España fue el Abad Alleame (Lesmes, Patrón de Burgos) nació en la aldea francesa de Loudun, de la región de Poitou. Su familia era rica. A la muerte de sus padres vendió todo, se lo dió a los pobres y se fue de peregrinación a Roma. Se hizo monje y llegó a ser Abad del monasterio de La Chaise-Dieu en La Auvernia. Vino a Burgos por deseos de la reina Constanza de Borgoña, que era francesa, esposa de nuestro rey Alfonso VI, para asesorar a la Corte y contribuir a remediar los males que aquejaban a la tierra de Castilla. Fundó el monasterio benedictino de San Juan Evangelista. En 1085 intervino en la toma de Toledo haciendo el milagro de separar las aguas del Tajo para que el ejército castellano pudiera tomar la ciudad de Toledo. En 1097 falleció siendo enterrado en el monasterio que fundó en Burgos y es el Patrono de esa ciudad.

De este personaje tomó el nombre nuestro Lesmes, nacido en Burgos en el seno de una familia pobre pero honrada. ¿Por qué dices lo de honrada? Porque nosotros los pobres es lo único que tenemos y no debemos perder.  (Según la biografía de San Julián de Juan José Bautista -1945 - y el historiador burgalés Izarra), San Julián se queda con el criado más joven de cuantos sirvieron en la casa de sus padres, este era Lesmes, a quien expone detalladamente su proyecto de retirarse a la casa, que había mandado construir, en el Valle de la Semella para vivir en oración y retiro. Se cuenta de Lesmes (que llegaría a ser santo como San Julián) que era un mozo de recia configuración, rostro curtido por los soles de Castilla y de contextura pacífica y sosegada, más por virtud que por temperamento; mocetón que raya en los veinticinco años y de fornida musculatura… en estos días de retiro su misión fue la de orar, limpiar la casa, preparar la modesta comida y servir a San Julián convertido en anacoreta.

En los meses que pasan juntos en la casa del Valle de la Semella, Lesmes tras la meditación y el recogimiento dibuja en su ser la dignidad sacerdotal y tras la Eucaristía diaria siente deseos y ansias vehementes del Sacerdocio, manifestándoselo a San Julián, quien con permiso del Prelado de Burgos queda bajo sus enseñanzas. No pasó mucho tiempo cuando el Obispo de Burgos le confiere las Órdenes menores y sagradas hasta el Presbiterado a Lesmes.

Tras varios años San Julián sintió la necesidad divina de evangelizar y tras consultarlo con un religioso de reconocida virtud, experiencia y letras tomó la firme e irrevocable resolución de hacerse sembrador de la semilla del evangelio.
San Julián y San Lesmes en la elaboración de cestas

Al despuntar el día y puesto en pie San Julián, llama a Lesmes y le dice: ¿Quieres acompañarme? ¿A dónde, señor? Le responde Lesmes, ¡A recorrer España!, con vos hasta la muerte, dijo Lesmes por toda contestación y llevando el Breviario, el crucifijo, una estampa de la Virgen y una muda, como equipaje, San Julián y Lesmes abandonan la casita junto al río Arlanzón, alejándose de las tierras burgalesas.

Cuatro años llevaban los dos apóstoles del bien en la religiosa conquista de mahometanos, herejes y judíos cuando en 1191 se hallaba próximo a Toledo trabajando en la recristianización de las almas cuando fallecía el Arzobispo de la Iglesia de Toledo, D. González Pérez y le sucedió en la Sede vacante D. Martín López, bienquisto (apreciado, querido, respetado) del monarca Alfonso VIII. El citado Arzobispo le remitió a San Julián el nombramiento de Arcediano, que aunque a primera instancia fue rechazado, ante la insistencia del Prelado terminó aceptando el cargo. Toledo le abrió las puertas al famoso predicador que había recorrido España entera y como caballero andante a lo Divino (comparándolo con Don Quijote), había dejado impreso en el corazón del alma española el anagrama de dos únicos amores: Cristo y María. San Julián y Lesmes quedaron instalados en una modesta casa de la ciudad Imperial, tomando posesión del Arcedianato.

Alfonso VIII conocía a San Julián personalmente, le había oído predicar muchas veces en la Catedral toledana y estaba además informado por el Arzobispo D. Martín López de las cualidades altamente excepcionales de su Arcediano, destacando en humildad, celo, elocuencia y sabiduría, con un especial trato de gentes y el Monarca testigo de la caridad, prudencia e infatigable laboriosidad del Arcediano le propuso la mitra de Cuenca en el año 1196. Nombramiento que San Julián rechazó y tuvo  que intervenir el Arzobispo para que aceptara quedando por las letras Apostólicas de Celestino III, nombrado Obispo electo de la Diócesis conquense.

Sesenta y ocho años contaba San Julián cuando fue consagrado Obispo. San Lesmes y su Obispo salen a pie por sendas y vericuetos, recorriendo los ciento cincuenta y tantos kilómetros que separan Toledo de Cuenca. Cinco jornadas son las que tardaron en llegar a Cuenca y avisados que la ciudad les prepara un recibimiento, San Julián y San Lesmes  retrasan su entrada aguardando que llegue la noche y con la débil luz de las estrellas cogen las enriscadas cuestas en que está situada la ciudad y orientados por un rapazuelo se internan por el Barrio de la Judería, rozando los muros del Alcázar y tomando el camino de descenso que les llevaría a la morada donde  habitó, D. Juan Yáñez, mandada construir por el mismo Alfonso VIII que más tarde amplió Don Mateo Reinal en el siglo XIII (1250). San Lesmes vivió con San Julián hasta su muerte de su Obispo, el 28 de enero de 1208, siendo testigo de los muchos prodigios y milagros. Tras su muerte San Lesmes regresó a Burgos, sobrevivió diez años a su Santo Señor, no se sabe el día exacto de su tránsito, por lo que algunos apuntan el mismo día de la muerte de San Julián, 28 de enero y otros apuntan el 30 de enero, día en que murió el Abad San Lesmes, Patrono de Burgos y al cual se pareció en el nombre y en sus virtudes.

Y aquí nos quedamos por hoy, ¿Jamás se separó Lesmes de San Julián? Pregunte a mi abuelo. Mira Josemari los amigos son personas que hacen más fácil  la vida, procurando lo mejor para la otra persona, es considerar a la otra persona en primer lugar siendo honrado, leal y casto en todo. Un amigo es la persona que realmente nos estima, valora y sabemos que podremos contar con ella en los momentos más difíciles de nuestra vida y eso fue San Lesmes para San Julián.

Dos cosas aprendí ese día: quien era Lesmes y quien es un buen amigo  en esta vida.

Cuenca, 18 de enero de 2015 –

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

sábado, 16 de enero de 2016

San Antonio Abad, un Santo con cerdo

San Antón el protector de los animales 


Hace años a San Antón se le identificaba por el cerdo con el que lo representa la iconografía, hoy lo recordamos como el Santo de los animales. La historia, pero más las tradiciones van forjando las festividades que al final se queda en la parte lúdica olvidando el sentido histórico real, no sabiendo donde empieza la ficción o en qué punto culmina la realidad.
San Antonio en la Parroquia de la Virgen de la Luz de Cuenca

¿Quién no recuerda al cerdo de San Antón por las calles de los pueblos siendo alimentado por los vecinos? De este hecho hay constancia de que ya se efectuaba en el último tercio del siglo XVIII. Nació con la intención de que sus ganancias, por la venta del cerdo, contribuyeran al mantenimiento del Culto y a la conservación de la ermita junto con las dependencias del capellán que era designado por el Cabildo Catedralicio.

En mis estudios sobre la iconografía siempre me he preguntado por la elección  del cerdo para designar a San Antón, pues el cerdo en las Antiguas Escrituras es tenido como un animal impuro. San Antonio Abad es representado con el hábito negro, con la Tau en su pecho, con el bastón de abad y la campanilla anunciadora de la llegada de los antonianos y el fuego en sus pies.
Permítanme que como estudioso de la iconografía les descifre algunos signos interesantes de este gran Santo del siglo IV, que murió un 17 de enero del año 356 y que según algunos biógrafos, vivió 105 años.

Los Antonianos, durante siglos fue una de las órdenes religiosas más enigmáticas y desconocidas de la cristiandad que utilizó como distintivo el hábito negro, la cruz azul de la Tau. Esta Orden nació en tierras egipcias con la finalidad de curar una extraña epidemia que asolaba la Europa del Medievo, debiendo su nombre a San Antonio Abad, famoso por sus visiones y tentaciones diabólicas. En algún otro momento les contaré las tentaciones diabólicas del Santo ya que la Parroquia de la Virgen de la Luz posee una pintura donde está reflejado este hecho.

Terminando el siglo IX, nueve caballeros franceses, decidieron recuperar el cuerpo del Santo que obraba en poder de los emperadores de Oriente desde que fuera descubierta su tumba y ser trasladada a Alejandría y después  a Constantinopla. Una vez recuperado el cuerpo fue instado en la ciudad de Saint-Antoine-de-Viennois, coincidiendo con la propagación de una epidemia conocida en la Europa medieval como “ignis sacer” o fuego sagrado, de ahí el fuego en los pies del Santo. Esta extraña enfermedad, cuenta las crónicas, que sus características y síntomas era la gangrena de pies, piernas, brazo y manos. De quienes la padecían se decía que estaban consumidas por el fuego sagrado y se ennegrecían como el carbón las partes afectadas.
San Antonio Abad en andas en la
Parroquia de la Virgen de la Luz
Barrio de San Antón de Cuenca

Entre los miles de afectados se encontraba Girando de Valloire, hijo del noble Gastón de Valloire, quien viendo próxima la muerte de su hijo, hizo voto de ofrecimiento de su persona y bienes a San Antonio. Esa misma noche Gastón tuvo un sueño en el que San Antonio le decía que había curado a su hijo gracias a la petición que había hecho a Dios, solicitándole que sus bienes ofrecidos fueran empleados en socorrer a los afectados por el fuego sagrado. El santo le ofreció su báculo en forma de letra griega TAU y le mandó que lo hincara en la tierra, obedeciendo el noble, comenzando a brotar pajo sus pies abundantes flores y frutos, llegando su milagro a todos los afectados en la comarca. De este hecho nació la Orden de los Caballeros de San Antonio, cuya constitución fue aprobada por el Papa Urbano II en el año 1095. Los primeros antonianos eran seglares hasta que en el año 1218 recibieron los votos monásticos del Papa Honoro III, ochenta años después, en 1297, adquirieron cánones propios, adscritos a la regla de San Agustín, por parte del Papa Bonifacio VIII, extendiéndose la orden por Francia, España e Italia.
El Cerdo de San Antonio

¿Por qué el cerdo y no otro animal? La contestación es sencilla, y hay más de una explicación. Una de ellas es la que presenta la tradición a San Antón como el triunfador de la impureza identificada en el cerdo. El milagro de generosidad del Santo, al haber devuelto la vista a la cría de un jabalí es el principal motivo por el que es el Santo de los animales. Otra, porque el cerdo fue el alimento para los enfermos que cuidaba la Orden de los Antonianos en sus hospitales, estando los animales en libertad y siendo alimentados por los habitantes de los pueblos y ciudades donde estaban estos hospitales. 

San Antón era tenido como el protector contra la lepra y la gente celebraba el día de su fiesta comiendo torta, que era repartida a los fieles que acudían a la función religiosa, para que el Santo les protegiese contra esta enfermedad terrible, dando de comer también a sus animales, de ahí surgió el donativo del panecillo para proteger a los pobres contra la enfermedad.

Nuestra actual cultura nos ha llevado a ver a San Antón como el protector de los animales y mascotas que con tanto cariño comparten nuestros hogares. Como buenos devotos del Santo, no dejemos de ir a coger nuestro panecillo y celebrar con júbilo la festividad del Santo, acudiendo a la procesión y a la bendición de los animales de nuestra casa, que tanto cariño derrochan en nosotros para que San Antón les de salud durante todo este año.

Cuenca, 17 de enero de 2015

José María Rodríguez González. Profesor e investigador historio.


viernes, 8 de enero de 2016

Las campanas de San Julián


Campanas erigidas en honor al Santo Patrón


La tercera campana dedicada a San Julián estaba ubicada en la ermita de la aldea de Verdelpino de Cuenca y sus particularidades eran las siguientes: Una cruz latina immissa sobre pedestal y una inscripción en forma cuadrada que decía: “CAMPANA DE Sª JULIÁN FUNDADA POR GARGOLLO AÑO D 1829 A BENEFICIO DE Dº MANUEL FELIPE ARIAS RACIONERO DE ESTA STA IGLE C.D.L.C.D. CUENCA”. Su altura era de 0,22 metros, de diámetro 0,18 metros y de sección 1,40 metros; con forma española, clase de cimbalillos. Su peso era de 8 arrobas. Existe la creencia que esta campana estuvo colocada en el Santuario del Tranquilo, no he podido comprobar su veracidad pero son muchos los que por tradición lo afirman.






Hoy recorro la ciudad buscando la musicalidad de las campanas que un día sonaron en lo alto de las torres de las capillas e iglesias circundantes de nuestra ciudad y en la sublime Catedral. Oigo un lejano tintineo, quizá de algún claustro de monjas que toca a oración, campanillas humanas que recuerdan al mundo la necesidad de orar a su Creador. Una campana gritona adolescente y despierta llama con premura por la Puerta de Valencia y su cantar despierta a otras traviesas como las de Salvador que llama a sus feligreses y la de San Felipe Neri despereza las sombras del barrio y nuevamente Cuenca queda silenciosa y sus calles desiertas; lejos, muy lejos el murmullo del río. El severo reloj de Mangana, ojo vigilante de la ciudad, deja caer los sones en la mansedumbre del amanecer con las primeras luces del astro rey, rasgadas luces en horizonte que despierta en mi imaginación el toque de las campanas de la inexistente torre del Giraldo de la Catedral, que un día marcó el ritmo religioso y festivo de esta ciudad embrujada. San Julián en lo alto de su fachada me recuerda las campanas erigidas en su honor buscando la protección contra el rayo.

Fueron tres las campanas fundidas bajo la advocación del Santo Obispo y las notas de su existencia y sus particularidades fueron las siguientes. Comenzando por la Catedral diré que existió una cuyo peso fue de 34 quintales, de forma española, y tenía las dimensiones de 1,17 metros de altura, 1,52 metros de diámetro y 5 metros de sección. Estaba grabada la imagen de San Julián con ropaje de pontifical (Capa pluvial, báculo y mitra) y una cesta a sus pies; una cruz latina de forma immissa, adornada con dos clavos pasionarios en los ángulos de los brazos, con la cabeza y dos escudos con el jarro de azucenas (escudo de armas de la Catedral); cuyos grabados estaban espaciados a distancias iguales en todo el campo del vaso.

Inscripciones escrita en latín, que tenía en la parte superior, era: “REPELLATUR * ET AEREARUM * DISCEDAT * MALIGNITAS * TEMPESTATUM * A DOMO * TUA * QUAESUMUS * DOMINE *”, que expresaba en castellano: Te rogamos, Señor que se ahuyente y aparte de tu Casa la malignidad de las tempestades aéreas.

Debajo de la imagen de San Julián y de la cruz, existían las siguientes inscripciones en forma cuadrada: “ SANCTE JUL * IANE ORA P * RO NOBIS. A F * VLGVRE ET * VLGVRE ET * TEMPESTAT * E LIBERANO ¨E DOMINE * ANNP 1773* · que traducido dice_ San Julián ruega por nosotros. Del rayo y tempestad líbranos Señor, Año 1773 .

Otra de las inscripciones era: “JHS. MARIA y JHP. – CRISTUS REX VENIT * IN PACE. ECCE CRUCEM * DOMMINI. FUGITE PARTES * ADVERSAE *, que traducido afirma: Jesús, María y José, Cristo rey, viene en paz. He aquí la cruz del Señor. Huid fuerzas adversas.

Hoy nos parecerán extrañas las inscripciones que portaban las campanas, aunque podamos pensar que una campana es un instrumento sonoro simplemente, en realidad sería más exacto decir que es un receptáculo mágico. La historia de la campana se pierde en la noche de los tiempos. Tienen la forma de una copa invertida (copa de cáliz), es una alegoría de lo femenino, como un útero universal creador de la vida, la fuerza y la energía.

A la largo de la historia se han empleado para eliminar a los malos espíritus de los caminos. En el Medievo era frecuente hacer sonar campanas en la encrucijada de los caminos para alejar a los espíritus burlescos, a los fantasmas y a las ánimas en pena.

Otra de las iglesias que poseía una campana con inscripciones, haciendo mención a San Julián, fue la iglesia de San Pedro Apóstol, la campana procedía de la desaparecida parroquia de Santa María de Gracia con la advocación a San Julián. Esta campana es de las llamadas esquillones, que es una campana pequeña con la que se dan los toques de llamada. Su peso era de 10 arrobas, con forma española y que medía  0,56 metros de altura, 0,68 metros de diámetro y 2,10 de sección. Te nía grabada una cruz latina de forma immissa y el monograma. En la parte superior del vaso en su circular la inscripción: “SANCTE JULIANE ORA PRO NOBIS. AÑO 1817”. En su frente y formando un cuadro lo siguiente: “Siendo cura y Mayordomo de esta Iglesia el Señor D. Vicente Collado Recuenco, por los maestros Maiores de este Obispado Pedro del Corral y Gregorio Gargollo”.


La tradición y las creencias supersticiosas de la gente siempre han estado ligadas a las campanas, cuando se escuchaba el tañido de una sin esperarlo podría ser un aviso del más allá. Si se oía campanas en la calle, cuando justo estabas pensando en una persona, seguro que pronto sabrías de ella. Si tenías un problema sin solucionar y tocaban a difuntos, auguraba que no se iba a resolver a tu favor, pero si repicaban a misa que habría que volver a replantearlo y si tocaban a gloria tus proyectos serían un éxito.

Pero hoy día del Patrón de Cuenca diré que las campanas también hablaban de amor, de amistad, de ternura. Sigamos el sonido de la campana que no se pueda decir que “oímos campanas y no sabemos dónde”.

Cuenca, 8 de enero de 2015


José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

jueves, 7 de enero de 2016

El amor de una madre

En el segundo aniversario de la muerte de mi madre

La madre es como la aurora que resplandece en Oriente; hermosa como la majestad de un sueño; pura como la luz que enciende los diamantes que coronan la imagen de una Virgen. Toda su figura resplandece en el arte helénico, a veces, su corazón abierto florece entre las penumbras de una historia triste.
Esperanza González Vega
10 de diciembre de 1946 - con 22 años

Nos dejó la noche mágica de Reyes, enamorándose de un rayo, prendida del pálido fulgor de una luciérnaga que iluminaba el sendero de la eternidad, camino del Padre Celeste e Inmortal.

La existencia de los que nos dejaron permanece en el recuerdo de los seres que amó y dió todo por ellos. Un seis de enero de hace dos años,  bajo las luces sombrías de un boxes de urgencias del hospital, aprecié en su mirada dulce e inocente como de virgen cristiana, su eminente partida. Sus ojos luminosos y bellos lo pregonaban teniendo la atracción irresistible del abismo cuando horas antes de dar el salto al mundo inmaterial, hablando con ella me preguntaba por todos sus hijos.

Ella esperó, como la madre del hijo pródigo, la reconciliación de sus vástagos, hasta en el lecho de su muerte pero no llegó, el perdón y la misericordia de una madre no tiene límites como el del Creador. 

La ingratitud supone mucho dolor para cualquier persona, sobre todo si viene de algunos de sus hijos. Las madres siempre están dispuestas a sacrificarlo todo por sus hijos, sacrificando comodidades e incluso llegando a sacrificar sueños por ver a sus hijos con un futuro mejor o por la sonrisa de un hijo en un día cualquiera.

Esperanza González Vega
año:1940. con 18 años
Las madres nos alimentan, cuidan y nos educan, además nos aman incondicionalmente durante toda su vida. Como hijos esperamos de ella el apoyo, el cariño y la comprensión. También que escuche y que adivine lo que nos pasa, lo que deseamos y lo que sentimos, que nos dé soluciones a nuestros problemas sin equivocarse y que sea lo suficientemente inteligente para saber hasta cuándo debe de dejar de intervenir en nuestra vida, pero olvidamos que ella también es humana y puede equivocarse.
El mayor valor de una madre está en la entrega incondicional y absoluta, nunca espera nada a cambio del amor, comprensión y fortaleza que nos brinda en cada una de las etapas de nuestra vida. ¿Acaso los hijos devolvemos un poco de todo eso que nos ha dado? Claro es el Evangelio: “Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen los días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar” (Ex 20, 12). Este es el primer mandamiento con promesa, y está en vigencia desde el principio de los tiempos para todos sin excepción, no hay época en la  que los hijos estén excusados en honrar a sus padres. Creyentes o no es una verdad innegable que debemos respetar y por ello debemos atender a nuestros padres con respeto, agradecimiento, consideración y amor hasta sus últimos días.
Esperanza González Vega
año: 1962 con 40 años

Hay que reconocer que existen los hijos buenos, honorables pero hoy quiero hablar de la otra clase de hijos que han perdido el rumbo, los que han alimentado su soberbia, a través del egoísmo y la ingratitud y que a la muerte de sus progenitores son los primeros en exigir su parte material de los bienes dejados. Es ingrato tener que escribir sobre este tema tan escabroso y frío pero es necesario reconocer el valor que todas las madres tienen, que algunas padezcan la ingratitud de los hijos. ¿Acaso esos hijos piensan que no llegarán a tener descendencia? ¿Qué les impulsa a dejar de visitar a su madre y expresarle una palabra de aliento y de amor? ¿Es que no se ponen en el lugar de las mujeres que les dieron la vida y que deberían ser amadas hasta el fin de sus vidas? ¿Es que han perdido los valores más esenciales como el amor, el respeto y la gratitud? Es devastador tener hijos desagradecidos para una madre que ha sacrificado mucho de su propia vida, los hijos ingratos son doblemente dolorosos. Que los hijos ingratos sepan que es necesario que valoren cuanto se hace por ellos. Aunque muchos digan que para las madres no hay sacrificio, seamos honestos, sí que lo hay, y si nosotros mismos no aprendemos a reconocerlo, entonces no sabremos trasmitir a los hijos el valor en la vida de los principios, del respeto ni del agradecimiento.

Sean estas palabras un homenaje a todas esas madres que han dado todo sin esperar nada a cambio y sufren en secreto la soledad de la ingratitud.

Si  tienes la suerte de tener a tu madre, aún tienes tiempo de acercarte a ella y de demostrarle tu gratitud, porque tener una madre es como tener un pedacito de Cielo contigo.

Cuenca, 6 de enero de 2016
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

martes, 5 de enero de 2016

NO ROMPAMOS LA ILUSIÓN


Noche de Reyes

Amaneciendo está el día de la ilusión, de la inocencia. El cinco de enero, los primeros rayos de luz aclaran el día y se abre el corazón de las ilusiones de todos, grandes y pequeños. El ensueño de ese hombre que conserva las pupilas infantiles, se realiza frente a la cabalgata de cuyo fondo inconmensurable de fantasía y  de corazones unidos hacen salir a primer plano todas sonrisas. ¿Por qué se empeñan en cambiar la historia con cabalgatas futuristas y reinas fuera de la tradición histórica? ¡Exijamos que se cumpla la tradición histórica!

La estrella abre la caravana, la encabezan tres reyes, detrás nobles y siervos, camellos y caballos, extraña procesión que de lejos viene y que anda y anda sin saber cuándo parará. Quedó atrás Arabia y caminan ya por tierras de Judea. ¿Qué buscan con tal desasosiego los tres poderosos reyes? ¿Buscan princesa a quien agasajar y ofrecer reinos a cambio de amor? No, que los monarcas son ancianos. ¿Qué buscan? ¿Qué afán les domina y que objeto les mueve?
Cabalgata de Cuenca en el año 2007

¡Sigámosles! Es noche todavía y la estrella se ha parado sobre el pueblo de Belén. La regia comitiva penetra en el poblado, lleno de bullicio de los pastores que parecen estar de fiesta. La estrella alumbra como un farol, no se apaga, preguntan y preguntan pero nadie les da razón, por fin llegan a una cueva arreglada para establo. La estrella lo alumbra todo, pero su luz se queda en la entrada del establo. Dentro otra luz más dulce, luz entre sol y luna alumbra una escena de pobreza. Un matrimonio con un niño nacido. El padre, José asombrado por tal presencia y ella, María es como la flor del almendro que ya florece en diciembre en Palestina y un Niño recién nacido que duerme en los brazos de su Madre, al fondo las bestias hunden sus hocicos en los pesebres.

Ante los tres humildes seres los monarcas caen de rodillas, tocan con las frentes ceñidas de coronas el heno del suelo. ¿Qué misterio hay aquí? ¡Qué equivocación la de los seres poderosos y que sorpresa la de los tres pobres que en el establo están! No hay equivocación en los reyes, misterio sí, singular como ningún otro, incomprensible porque son cómplices la tierra y los mismos cielos.
Carroza de Acción Católica de la Cabalgata de Reyes de 2007

Qué gran ejemplo nos dieron los Reyes Magos. El corazón no entiende de orgullo cuando se da la mano con la inteligencia. Fueron tres corazones regios en busca de un mismo afán, por ello hoy son símbolo de amor los niños, que es corazones sin mancha. Porque los Reyes Magos fueron como niños vieron lo que los poderosos, como viejos de corazón, no pudieron ver. ¿Son estos que quieren cambiar la historia los viejos de corazón actuales?

Oro, incienso y mirra, regalos de reyes a su Dios. y el Mayor regalo de Dios a los hombres, el hacerse semejante a nosotros su propio hijo. En el intercambio, las estrellas sonrieron como rosas en los cielos envidiando a la Flor Nacida.
Reyes Mayos en la Plaza de la Hispanidad de Cuenca. 05-01-2016

Desde aquella noche los Reyes cabalgan por el mundo sin parar buscando a quien regalar amor, ternura e ilusión. Una vez al año nuestro corazón de creyentes se abre a una Virgen Madre, un Dios hecho Niño, el Creador hecho un pobre. No rompamos la ilusión nacida en la inocencia y abramos nuestro corazón bondadoso a la realidad palpable de un hecho que nos une en tan espléndida manifestación amorosa. En verdad  diré que jamás pensé que el amor a la historia y a la verdad trajera tantas complicaciones. ¡Felices Reyes a todos!

Cuenca, 5 de enero de 2016


José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico