domingo, 20 de marzo de 2016

Un poco de historia de los desfiles procesionales de Cuenca

Historia documentada de las procesiones conquenses en la Semana Santa

Este año se cumple el 400 aniversario del primer desfile de la procesión “Camino del Calvario”. El 1 de abril de 1616, desfilaba por las calles de Cuenca la Imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de “El Salvador”. En la actualidad en la procesión desfilan, a demás de la imagen del Jesús la de San Juan Evangelista y Nuestra Señora de San Agustín.

De los documentos que se han hallado podemos afirmar que su fundación de la Hermandad data del año 1702, como lo atestigua el Acta primera de su Cofradía que dice textualmente dice: “Cofradía de San Juan Evangelista”, sita en la Iglesia del Convento de San Agustín de esta Ciudad, que se fundó en el año 1702”.

Como curiosidad, digna de recuerdo debemos consignar que el día de San Bartolomé de 1815, hubo una solemne procesión organizada por la Hermandad que desde la parroquia de El Salvador, calle de El Peso y bajada por la Trinidad, llegando hasta el convento de San Agustín, con asistencia del Cabildo de Curas y Beneficiados, Autoridades y Cofradías. En  esta procesión figuraban las sagradas imágenes de Jesús Nazareno, Cristo Crucificado, con el título de “La Cruz”, María Santísima de la Soledad y el glorioso Evangelista San Juan.

Los pasos fueron llevados por hermanos vestidos de nazarenos, como si hubiese sido Viernes Santo. Esta solemne función procesional tuvo por objeto dar gracias al Altísimo por la nueva colocación de los Santos Pasos que desde el año 1812 estaban, en calidad de depósito, en la Parroquia de El Salvador, salvándose de su destrucción de las tropas napoleónicas, por los hermanos y familiares de la Cofradía de San Juan.
También hemos encontrado  documentación sobre la venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía, que se fundó el 12 de mayo de 1715, en la desparecida iglesia de Santo Domingo de Silos y que el 17 de julio del citado año quedaron presentadas las constituciones de aquella Venerable Hermandad para su aprobación ante el Licenciado don Francisco de Añoa y Busto, dignidad y Canónigo de la Santa Iglesia Catedral, Provisor de la Ciudad  y Obispado que gobernaba el Ilmo. Sr. Don Miguel del Olmo. Informadas las Constituciones por el Fiscal General D. Juan Francisco Calvo, el 24 de julio de 1715, se dictaba auto de aprobación de las mismas por el Provisor señor Añoa y Busto.

La venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía, tiene concedida perpetuamente a cada uno de sus cofrades indulgencia plenaria, bajo ciertas condiciones, por bula expedida en Roma, por el Papa Clemete II, fechada el 5 de enero de 1717.

El Papa Pío VI, otorgó otra bula el 23 de noviembre de 1784, dando el título de Altar Privilegiado, en su Capilla de Silos en la ciudad de Cuenca e igualmente ostentaba el privilegio de poder usar ornamentos encarnados en su función religiosa anual, que tradicionalmente se venía celebrando al Santísimo Cristo de la Agonía. Este privilegio fue ratificado el 9 de mayo de 1877, por el ilustre Gobernador Eclesiástico D. Diego Izquierdo. La Hermandad poseía un precioso crucifijo de marfil, donado por don Juan Cerdán de Landa y en recuerdo de esta donación la Hermandad tomó un acuerdo el día 16 de mayo de 1713, de sufragar una misa anual en el altar del Santísimo Cristo de la Agonía por el descanso eterno de tan piadoso donante.

La venerable Hermandad de Ntra. Señora de la Soledad y de la Cruz, desfila en la procesión llamada del Santo Entierro, que procesiona en la noche del Viernes Santo. Su fundación data del llamado Capítulo de  Caballeros, Guisados de Caballeros instituido en el Fuero de Cuenca por el Rey Alfonso VIII. Desde el año 1272 hasta 1670.

Son muchos y grandes los privilegios que los monarcas conceden por gloriosos hechos de armas y entre otros por su asistencia en el año 1474 a la Guerra de Portugal. Se libra testimonio de sus tradicionales ordenanzas de Capitulo en 1550 y en diferentes decretos se les reconoce como bienes propios los terrenos anexos a la Capilla actual de la parroquia de El Salvador y una hermandad en el pueblo de Torralba.

Este Capítulo de Caballeros, reunido en 1885, acordó, entre potras cosas, la reivindicación de sus fueros y privilegios y como acto público que patentizara su existencia acordó costear a sus expensas la procesión del Santo Entierro de Cristo, tal como se viene celebrando desde entonces.

El Cabildo de Caballeros de la soledad y el Santo Sepulcro agrupaban casi siempre a todos los hombre de toga existentes en Cuenca, del mismo modo que la Hermandad de San Juan a los carpinteros y madereros; la del Cristo de los Espejos a los tejedores; el Peso del Huerto a los hortelanos y el Jesús de la Columna a los albañiles.

De la procesión del Miércoles Santo, desapareció la escultura de “Jesús ante Anás” que estaba depositada en la parroquia de San Miguel, también desfilaba el paso de la “Oración del Huerto”, obra notable del escultor Moreno Sastre.

La Archicofradía de Paz y Caridad portaba la preciosa escultura de “Jesús con la caña”, de un notable mérito artístico, que se guardaba en la ermita de San Roque. En la Guerra de la Independencia esta ermita fue destruida y la imagen fue trasladada a la parroquia de San Antón.

Otra de las imágenes desaparecidas fue el “Ecce-Homo”, que se guardaba en la parroquia de  San Andrés, aunque su procedencia primitiva era de las parroquias de San Gil y San Juan.

Las artísticas tallas que salen en procesión del Viernes Santo representando a Jesús Nazareno, Jesús y la Verónica, San Juan y Ntra. Señora de la Soledad, eran procedentes del antiguo convento de San Agustín, que en la época de la exclaustración, año 1834, fueron trasladadas a El Salvador.

La procesión del Viernes Santo En el Calvario, se reducía, durante varios años, a la salida del Santísimo “Cristo de los Espejos”, llamado también de la Expiación y posteriormente se fueron sumando otras hermandades e imágenes que actualmente la completan.

El santísimo Cristo de los Espejos procedía del antiguo y famoso convento  de San Agustín. Cuando desapareció el convento de San Agustín se trasformó en el parador de Santa Luisa.  En esta procesión desfilaba  la imagen de “Nuestra Señora de las Angustias” de Salcillo, autor de la mayoría de las imágenes de la Semana Santa de Murcia. Replica de ella se encuentra en la iglesia de San Felipe Neri.

Sea esta mi pequeña contribución al esclarecimiento de la historia procesional de nuestra ciudad de Cuenca.

Cuenca, 17 de marzo de 2016 Semana Santa de 2016


José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

martes, 15 de marzo de 2016

Las lágrimas en perlas


Siete perlas de sufrimiento


El amor y el dolor van de la mano me decía mi abuelo cuando me hablaba del sentimiento nazareno de la Semana Santa, cuando desfilaban los pasos por debajo de sus balcones y mi abuela Florencia replicaba “vosotros los hombres pensáis que el llorar es sólo de mujeres” pero el mismo Cristo lloró al predecir la destrucción de Jerusalén (Lc. 19,41) y cuando supo que había muerto su amigo Lázaro, estando con sus hermanas Marta y María (Jn. 11,35). Así que Josemari no te de vergüenza llorar cuando lo creas necesario porque con las lágrimas se enjuaga el alma del hombre y sale el sentimiento profundo del amor. Llorar no es efecto de debilidad sino de fina sensibilidad.

Al hilo de este episodio vivido, en mi viaje a Italia, visitamos la Basílica Patriarcal de Santa María de los Ángeles en la Porciúncula, lugar santo de fundaciones, pues allí fundó San Francisco de Asís la Orden de los Hermanos Menores en 1211 y Santa Clara fundó también la Orden de las Damas Pobres, Las Clarisas. En esta misma Iglesia Cristo se le apareció y le concedió, por la intersección de María, la indulgencia del Perdón de Asís (1216) y aquí mismo murió San Francisco cantando el 3 de octubre de 1226, haciendo actualmente 800 de la aparición de Cristo a San Francisco. Lo que más me llamó la atención, entre tanta grandeza, fue el encontrar la “Capilla de las lágrimas” donde San Francisco muchas veces lloró al contemplarse tan pecador ante la santidad de Dios, aquí descubrí lo que mis abuelos querían trasmitirme.

Año tras año recordamos cada momento de la vida del Redentor del Mundo. El pueblo de Cuenca se vuelca en conmemorar y representar la Pasión. De los pasos siempre me llamaron la atención las Vírgenes, por esos rostros desencajados por el dolor.

¿Hemos reparado en algún momento en el dolor de la Madre viendo y viviendo el proceso lamentable de la muerte anunciada de su hijo?

¡Qué fácil es sucumbir a los deseos de este mundo! como la riqueza, la salud, la dicha, el amor. Reflexionemos, todo cuanto ambicionamos en la tierra se desvanece en esos momentos de la muerte.
No es fácil ser madre y María fue soportando los dolores de la vida con resignación, cuando  Simeón le profetizó la Pasión y Muerte de su Hijo (Lc. 2, 22-35) que fue su primer dolor.

Todos preparamos la venida de nuestro primer hijo con todo amor. El Hijo de María, no nació en una alcoba cómoda y confortable, con ricas cortinas de seda que se cruzaran delante de una ventana, con gruesas alfombras, sino en un entorno al revés,  la alfombra se sustituyó por el musgo y la habitación por una cueva llena de heno para encontrar el calor que facilitara el sueño y el descanso de la madre que había dado a luz al Divino Redentor del Mundo. Pero no se quedó ahí, de noche tuvieron que partir a fin de salvar a su Hijo de la matanza de Herodes. Cuánta angustia la de María, cuántas fueron sus privaciones durante el largo viaje y no menos sufrimiento experimentó ella en la tierra del exilio. Ello condujo a su segundo dolor (Mt. 2, 13-15).

¿A alguien se le ha perdido su hijo? Que angustioso sería el dolor de María cuando se percato de que Jesús no iba en la caravana. Durante tres largos días buscaron a Jesús, hasta que lo encontraron en el templo. Tercer dolor en su vida (Lc. 2, 41-50).

No hay mayor dolor en el mundo que ver morir a un hijo, dicen los psicólogos en la actualidad, cual dolor inmundo sería el de María al encontrarse con su hijo camino del Calvario con la cruz a cuestas, ¡qué terrible dolor cuando sus ojos se encontraron con los de Jesús! El cuarto dolor de una vida de amor.

No quiso dejar sólo a Jesús en sus últimos momentos, ella con el corazón roto aguantó debajo de la cruz. Triste es el espectáculo al pie de la cruz y oyó a su Hijo prometerle el cielo a un ladrón y perdonar a sus enemigos. Sus últimas palabras dirigidas a Ella: “Madre, he ahí a tu hijo”, “Hijo he ahí a tu Madre” (Jn. 19, 17-39) Quinto dolor insoportable.

Lo contemplamos en nuestro paso de la “Virgen de las Angustias” de Marco Pérez. Considera el amargo dolor que sintió el corazón de María cuando el cuerpo de  Jesús fue bajado de la cruz y colocado en su regazo. (Mc. 15, 42-46) Así fue su sexto dolor en este caminar de la vida terrenal.
La vida se le escapó de sus manos terrenales cuando el cuerpo de Jesús fue enterrado como un ser humano más, completando así los siete dolores más terribles que una Madre puede soportar en esta vida (Jn 19, 38-42)

Hay muchas formas de sufrimiento que pueden afectar al cuerpo, pero los sufrimientos mayores son los del corazón. Nadie se ve exento del sufrimiento en este caminar, sepamos ofrecerle a Dios en comunión con Cristo.

Cada día de la Semana de Pasión pasaba, bajo el balcón las imágenes: La Virgen de la Esperanza, el Domingo de ramos; María Santísima de la Esperanza el Martes Santo; Ntra. Sra. De la Amargura y San Juan, el Miércoles Santo; La Soledad del Puente, el Jueves Santo; La Soledad de San Agustín, Ntra. Sra. De las Angustias, Ntra. Sra. De la Soledad y de la Cruz el Viernes Santo. Perlas en sus mejillas para designar las lágrimas del dolor de la Madre de Cristo, nuestro Redentor.

En el sueño de la inconsciencia vi al ángel coger lo corona del sacrificio, levantándola sobre su cabeza, brillaba como una estrella de siete colores, eran las perlas de los dolores. Sobre éstas, se elevaba la última, uniéndolas, como un arco iris que fusiona el Cielo con la tierra. En la noche de la vida miraremos eternamente a las estrellas y sobre ellas las perlas del dolor, en ellas están encerradas las alas del Espíritu, que nos llevará a la Vida Eterna.

Semana Santa 2016

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico


Poesía para una Pasión

Imágenes poéticas en la Pasión Nazarena

Estos días, próximos a la celebración de la Semana Grande de Cuenca, las hermandades se afanan en dejar sus imágenes y andas en perfecto estado para su desfile por el gran calvario en que se convierte esta ciudad.
Escritores, poetas, pintores e imagineros, al compás de la pluma, del pincel, de la lira y de la gubia, año tras año, siglo tras siglo, todas las generaciones de artistas y de literatos dejaron su estela y su óbolo en pro de nuestra Semana Santa.
Siempre se cantó en España el dolor de la Pasión y la suntuosidad de los cortejos procesionales. No hay en el mundo ninguna literatura que haya dedicado tanta atención a los profundos y emocionantes temas religiosos, como la literatura Española de todos los tiempos.
Se puede afirmar que en el siglo XVI que sólo los poetas españoles dirigieron corporativamente su inspiración a narrar en verso el misterio maravilloso de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. No es posible hallar en ninguna literatura creaciones tan perfectas, tan llenas de emoción y tan inspiradas como los poemas de Lope y sobre todo de Quevedo, que dentro del cielo poético del Misterio de la Muerte del Salvador, alcanzan sin ningún género de dudas una de las cumbres de la poesía universal.
Lope de Vega posee un rico repertorio de poemas dedicados a la Pasión, como: “A Cristo en la Cruz”, “A la muerte de Cristo Nuestro Señor”, “Al ponerle en la Cruz”, etc. Pero el que más me llena es el  soneto “A Jesús Crucificado”, mil veces recitado en mis años de estudiante:
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno a oscuras?
“¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
“¡Cuántas veces el ángel me decía:
“Alma, asómate agora a la ventana;
verás con cuánto amor llamar porfía!”.
“¡Y cuántas, hermosura soberana,
mañana le abriremos”, respondía,
para lo mismo responder mañana!

Pero hay otros gigantes del parnaso como Francisco de Quevedo, el cantor más ilustre del inefable drama divino del Redentor, su copiosa producción poética. No hay un soneto tan emocionante, tan profundo como el que describe a las palabras que le dijo Cristo a Judas cuando le entregó ¿A qué vienes amigo?:

Cuando le vende: ¿A qué viniste, amigo?
Del regalo de Hijo, a mi castigo;
De oveja humilde y simple, a lobo fiero;

De apóstol de mi ley, a carnicero;
De rico de mis bienes, a mendigo;
Del cayado a la horca, sin mi abrigo;
De discípulo, a ingrato despensero.

Véndete, y no te vendas, y mi muerte
Sea rescate también a tus traiciones:
No siento mi prisión, sino perderte.

El corcel que a tu cuello dispones,
Judas, ponle a mis pies con lazo fuerte:
Perdónate, y a mí no me perdones.”

Si una escena ha inspirado bellísima poesía ha sido la situación de María a los pies de la cruz. Nuestro paisano Fray Luis de León, de los muchos poemas que tiene dedicados a la Virgen, entresaco estos versos del poema titulado “A Nuestra Señora”:

“… Virgen y madre junto,
De tu Hacedor pechos floreció la vida:
Mira cómo empeora
Y crece mi dolor, la amistad se olvida;
Si no es de ti valida
La justicia y verdad, que tú engendraste,
¿a dónde hallará seguro amparo?
Y pues madre eres, basta
Para contigo el ver mi desampara.”

Otros poetas dedicaron igualmente poemas al drama de la Pasión de Cristo, así como: El Príncipe Esquilache, Góngora, Calderón. Ya en los siglos XVIII y en el XIX la literatura española se enriquece con nuevos poemas dirigidos a cantar la Pasión, como José Zorrilla que escribe los romances y sonetos a los dolores del Salvador, así como otros poemas románticos.
 En el siglo XX, Gerardo Diego escribía el poema “Vía-Crucis y los poetas Luis Felipe Vivanco, Luis Rosal, Luis Rosales, José María Alfaro y José María Pemán, cantaron en sus poemas la pasión y muerte del Redentor.

En este siglo que acaba de nacer, no estaría de más, seguir cantando la Pasión y Muerte de Nuestro Redentor, por parte de los poetas actuales de Cuenca, evocando la religiosidad y devoción con que la mayoría de las gentes de esta ciudad la viven. Esta ilustre ciudad cantada por Federico Muelas:
“¡Cuenca, cristalizada en mis amores!
Hilván dorado al aire del lamento.
Cuenca cierta y soñada, en cielo y río!”


José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

domingo, 6 de marzo de 2016

Luz de luces en la Semana Santa Conquense


En la noche toda duerme, Cuenca reposa. Eres Luz y promesa. 


Bajo el puente ha nacido una luz. Luz que se viste de misterio en los albores de la noche de la Semana Grande de Cuenca; noche de sombras y temores, de pasiones y flaquezas. Una luz maravillosa que arde sobre el agua en su marcha incesante, vertiendo resplandores en las aguas del río que la cuna y la lleva a lo largo de su curso. Luz que se mira y se difunde con los juncos del río en el murmullo incesante de su paso. Una Luz poderosa que mira desde el Cielo a los hijos de Cuenca.
Aguas del Júcar, que abren su verde espejo de esmeralda reflejando en ellas las promesas piadosas de sus gentes que buscan la limpieza de espíritu y el bienestar para los suyos en tus morenas mejillas que alegran la vida de tus devotos hijos.

Al caer la tarde tu luz se manifiesta. En la noche toda duerme, Cuenca reposa. Eres Luz y promesa, velarás por tus hijos a los pies de la Cruz, noche de cirio y Pasión Nazarena.
Virgen de la Luz sobre el río Júcar

Sopla el viento, soplo divino que despierta las almas pecadoras. Los cielos se nublan en la noche de las Noches. Llueve en la ciudad, gotas saltarinas que fecundan los campos humanos germinando los granos y fructificándolos. Luz de la Madre en las sombras, hecha rayo de Sol, convierte la mies en ese Pan Bendito, manjar de Fe y de Vida. Será el rayo de Luna que ilumina en la noche recortando las tinieblas del mal. Estrella salvadora que nos marca el puerto milagroso.

Encendida visión del caminar de la procesión de Jueves Santo que partiendo de su lado se encamina al Gólgota conquense. Encendida visión que desde el Cielo nos guía cariñosamente por senderos de amor en la corriente indecisa de la vida por caminos de luz en las tinieblas de la incertidumbre.

Como testigos hemos seguido la ruta, vacilante, sin perdernos en la noche. Tu claridad eterna se envolvía en los instantes amargos de la vida. Madre de la Luz has teñido los cielos del color de tu manto, de tu blancura infinita das la vida. El sol de nuestra Cuenca quemó tu Faz Divina, Faz serrana y morena. Tu candil encendido bajó desde la Sierra por las aguas del Júcar, meciéndose en la noche, noche de Pasión Divina.

En la mañana tu Luz se confunde con el Sol. Cuenca entera despierta, te aclama como Reina y quiere compartir tu corona, corona de amor y dolor, gemas hechas de besos y lágrimas.


Las horas son testigo de la Pasión, ya desciende de la Plaza, Calvario conquense que se desvanece cuando el ruido de los banzos se aproximan a tu morada, vuelven tus hijos  y tú de nuevo abres del Júcar su espejo de ese verde esperanza que hace enmudecer la noche, noche de eterna plegaria. 

viernes, 4 de marzo de 2016

Un día extra por febrero


Un bisiesto cada cuatro años

¿Qué importancia podría tener que un mes tuviera más días o menos que otro? hasta que en casa surgió el comentario: ¡este año, en febrero hay que trabajar un día más y un día más para bocas que llenar! Eso se quedo grabado en mi cabeza,  no comprendía como unos años eran un día más largo que otros y no tardé en buscar la aclaración.

Aunque éramos cinco todos estaban muy ocupados en sus trabajos y no tenían tiempo para tonterías, como me decían, así que el domingo fue cuando lo solté en casa de mi abuelo: ¿Por qué el mes de febrero tiene este año un día más en casa están “enfadaos”? Ven, siéntate y te lo explicaré.
Aunque el día estaba frío el calor de la estufa caldeaba la estancia y los rayos del Sol invadían la cocina que daba al barrio de San Martín, cuando mi abuelo comentó: nada en esta vida se hace sin un motivo, unas cosas por placer y otras por necesidad. 

Los estudiosos del cielo se dieron cuenta que al trascurrir los años había cambios en el despertar de las plantas en primera y que las estaciones del año variaban, ello les llevó a un estudio más detallado y el astrónomo Sosígenes impulsado por el Emperador Julio César estudió cuantos días tenía un año solar, llegando a la conclusión que existía una descompensación en las cuentas y mandó el Emperador agregar un nuevo día cada cuatro años.

Pero abuelo ¿por qué en febrero? La gente siempre ha sido caprichosa y actúan en su provecho y algo así paso para que le tocara a febrero ser el corto del año. Cuando se iniciaron los días bisiestos en el Calendario Juliano se agregó a febrero que entonces tenía 30 días, pero los emperadores Julio César y César Augusto quisieron tener en sus meses, Julio y Agosto con 31 día, por lo que cuando gobernaron el Imperio Romano quitaron días a febrero para que sus meses tuvieron 31, quedando el segundo mes del año con sólo 28 días. Pero también pudo ser otro motivo justificable que febrero era para los romanos el mes de los muertos y las fiestas de expiación religiosa se celebraban al final del año, siendo llamadas februa, de ahí el nombre de febrero.  El 23 de febrero, en otros tiempos, fue la fiesta de Terminalia, en honor del dios de los límites, relacionada con el final del año, posible motivo por el que se le aplicó a este mes.
Esto no acabó aquí, pasaron los siglos y el Papa Gregorio XIII, volvió a reunir a sus astrónomos y pidió que calcularan de nuevo por qué las estaciones y solsticios no coincidían con el calendario. Entonces se dieron cuenta que en todo ese tiempo se habían acumulado un día de desfase por lo que el jueves 14 de octubre de 1582 se saltaron el viernes 15 de octubre de 1582. Fue cuando comenzó a funcionar el Calendario Gregoriano que calculó los años bisiestos con la siguiente fórmula matemática: si un año es divisible por 4, entonces será bisiesto; porque no lo será si es divisible por 100, excepto que sea divisible por 400 (cada 400 años, hay tres que no serán bisiestos).
Esta adecuación no termina de ser exacta por lo que cada cierto tiempo se deben realizar los llamados “saltos de segundos” cruciales para garantizar una precisión extrema entre la rotación de la Tierra y los relojes.

Abuelo eso es difícil, Josemari nada hay difícil si se entiende.  Hagamos un ejemplo, ¿en qué año naciste, en 1956?, divide 56 entre 4 y te da 14, pues el año en que naciste tú era bisiesto por que el número que te da es entero. Hagamos otro ejemplo, el año que nací yo fue el 1886, ¿fue bisiesto ese año? Con un poco de ayuda dividí 86 entre cuatro dando: 21.5 eso quiere decir que el año en que yo nací no lo era. Como has visto no es difícil calcularlo. ¡Recuérdalo¡ Popularmente se dice que la Tierra tarda 365 días en dar la vuelta al Sol, pero en realidad son 365,242 días esa fracción de casi un cuarto de día por año es la suma de cada cuatro años, por lo que febrero en lugar de tener 28 días tiene 29 como ocurre este año.

¿Es verdad que en estos años pasan cosas malas? Le pregunté a mi abuelo inocentemente. En la cultura popular el año bisiesto esta unido a la mala suerte. Hay un refrán popular que dice: Año bisiesto y año de pares, año de azare; ni casa, ni viña, ni huerto, ni puerto. 

También es verdad que ha coincidido alguna catástrofe con ese día como puede ser el hundimiento del Titanic o el inicio de la Guerra Civil Española, pero también hay cosas buenas con relación a esas fechas. Siempre procura sacar lo positivo de las cosas, que la vida ya te traerá lo negativo. Mira, antiguamente el día 29 de febrero las mujeres podían proponer matrimonio a sus novios y si el novio no aceptaba debía compensarla con un beso y un camisón de seda. En las tierras anglosajonas los que nacían el día 29 de febrero se les llamaba “Leapers” que viene de Leap year, significa año bisiesto en inglés y en Irlanda se les premiaba con 70 libras a los bebes que nacían ese día.

Después de misa, como tantos otros domingos bajé a mi casa sabiendo lo que era un bisiesto y lo más importante el saber calcular cuando serían los próximos.

Cuenca, 29 de febrero de 2016

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.