viernes, 17 de febrero de 2017

Jovelardero y el Carnaval en Cuenca

El Jueves Lardero en Cuenca

Jovelardero o Jueves Lardero, ambos denominaciones son válidas para designar el jueves anterior al miércoles de ceniza, dando comienzo la cuaresma. En la sociedad conquense está muy arraigado, el típico adagio: “En Jovelardero, taja y huevo”. Es una jornada al aire libre, si el tiempo lo permite, este año se celebrará el día 23 de febrero. Los jóvenes en grupos, copan las laderas del río Júcar desde la mañana hasta la caída de la tarde, pasan la jornada jugando en compañía de amigos, degustando todo tipo de productos derivados del cerdo, alimentos que quedarán prohibidos a lo largo de la Cuaresma.

La palabra lardero procede del adjetivo “lardo” que es como se llamaba al tocino gordo de cerdo, también se le llamaba así al sebo o manteca del cerdo. Si profundizamos más en los orígenes diré que procede del latín “Lardum o  Lardium”, palabra con la que los romanos denominaban al tocino y a la manteca del cerdo.

 En los tiempos de escasez las familias tiraban de las partes menos valiosas del cerdo, comercialmente hablando, con las que nuestras abuelas fueron capaces de hacer maravillas culinarias. Estos almuerzos o meriendas, antes de la cuaresma han sido y es lo que caracteriza al peculiar Jovelardero.

El carnaval, se convirtió en la fiesta de despedida de la carne, es por ello que estos días, anteriores a la Cuaresma, se procura degustar al máximo, para no echarla en falta en los cuarenta días que impone la regla cuaresmal.

Uno de los carnavales más antiguos en Castilla la Mancha es el de Tarazona de la Mancha. En el Archivo Municipal se encontró un acta del año 1894 donde se menciona por primera vez el carnaval  en esta localidad, en la dicha acta se recoge el pago a la Banda Municipal de Música, contratada para animar el carnaval de ese año.

En Cuenca se perdió la tradición, recuperada hace unos años. Inició su andadura el barrio de la Fuente del Oro y año tras año se ha ido recuperando esta fiesta. En 1900 nos cuentan las crónicas sociales, que lo más importante y atractivo eran los bailes, ya que era el lugar de reunión de los jóvenes de aquella época, convirtiéndose en centro de reunión obligada en lugares como el Casino de Cuenca y la Constancia. Las máscaras que portaban servían para perder la timidez y poder galantear con las chicas y viceversa. A ellas se les presentaba la ocasión de poder hablar con el joven que le gustaba, con cierta soltura sin miedo a ser reconocidas.

El carnaval, desde la interculturalidad, es una fiesta divertida y de esparcimiento, ocasión social para reafirmar la unidad grupal de participación por barrios, asociaciones y pueblos; esperemos que se vaya asentando en nuestra ciudad y en la provincia, sobre todo en aquellos pueblos donde se celebra, como: Las Pedroñeras, ViIlanueva de la Jara, El Provencio, San Clemente y Las Mesas, entre otros muchos pueblos conquenses. En estos lugares existe una enorme amplitud de formas de vivir el Carnaval, resurgiendo con cierta fuerza esta entrañable fiesta con referencias históricas y elementos religiosos, formando un conjunto de bienes culturales dispersos territorialmente, así no existe un único modelo de celebración, sino que es un fenómeno plural y diverso, representando una vivencia común que le da unidad y representatividad de nuestras costumbres.

Cuenca, 20 de febrero de 2017

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico


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